Panorama político

Cristina, Larreta y el círculo rojo después del cierre de listas

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Con el alegato televisivo en el que expuso a los actores que se confabularon en su contra en la causa del memorandum con Irán, Cristina Fernández dio un paso más en la estrategia de señalamiento de jueces y operadores del macrismo que nunca imaginaron tenerla, tan rápido, sentada otra vez en la cúspide del poder. La vicepresidenta los nombró a todos, salvo a Daniel Angelici, quizás el más abierto a los acuerdos transversales. Muerto Claudio Bonadio, Cristina avanza de a poco en un operativo para diluir el bloque judicial que la arrinconó entre 2015 y 2019. Sin embargo, igual que en su período de mayor aislamiento, su suerte depende menos de los expedientes enmarcados en la saga de la corrupción kirchnerista y más del respaldo social que coseche su figura, ahora atada al destino del gobierno. 

Después de la cadena nacional que se apoderó de los canales de noticias, CFK volvió a concentrarse en la campaña. A tono con los deseos de su hijo Máximo, la vicepresidenta quiere que Santiago Cafiero encabece la lista de diputados nacionales del Frente de Todos en la provincia de Buenos Aires. Pero, tal como contó elDiarioAR la semana pasada, al lado de Alberto Fernández insisten en que el Presidente no va a “sacrificar” a su funcionario de mayor confianza. 

Aun con la influencia decisiva que tiene en el andamiaje oficial, hay demasiadas cosas que Cristina no puede. Casi nueve meses después de que los señaló en una carta pública, “los funcionarios que no funcionan” siguen ahí y, siete meses después del discurso en el Estadio Único de La Plata, ninguno de los que, según ella, tenían “miedo” se buscó “otro laburo”. Por eso, dicen a su alrededor, hay cosas con las que CFK ya ni siquiera se enoja: asume a su modo que se equivocó con la elección de Fernández y perfila con su campaña en provincia a Axel Kicillof hacia las presidenciales de 2023. 

El cierre de listas aparece como una bisagra que gatilla dos movimientos en uno. El oficialismo no sólo se somete al test electoral, también puede rediseñar su esquema de poder de cara a la nueva etapa que se abre. Errores y desacuerdos al margen, las elecciones son la gran oportunidad que ve el cristinismo para que Cafiero, Daniel Arroyo o Matías Kulfas encuentren una salida decorosa. En cuanto a los relevos, en cambio, no está tan claro si Cristina coincide con su hijo.

Sergio Massa y Martín Insaurralde, dos de los dirigentes de mayor cercanía al jefe de La Cámpora, son aliados a los que, según dicen cerca de la vice, conviene mirar con lupa. El presidente de la Cámara de Diputados y el intendente de Lomas de Zamora circulan desde hace días en el oficialismo como nombres con posibilidad de ascender, ya sea para encabezar la lista o para sumarse al gabinete después del 14 de noviembre. Pero la vicepresidenta no se muestra tan segura ni de lo uno ni de lo otro. Distinto es el caso de Leandro Santoro, el candidato puesto para la ciudad de Buenos Aires, un radical al que CFK le reconoce su destreza en medios opositores -algo que no abunda- y le adjudica proyección nacional. 

Con la unidad fuera de duda, las diferencias que se advierten en cuanto a las prioridades se propagan hacia adelante. Quienes tienen acceso a la cocina del cristinismo, sostienen que Máximo Kirchner aparece como el más crítico con el rumbo del gobierno. No sólo por el convenio que se firmó con Pfizer sino por el ajuste que Martín Guzmán ejecutó en silencio durante el primer semestre del año. Al presidente de la bancada de Diputados le preocupan los indicadores sociales y el impacto de las cifras de pobreza en la provincia. Máximo estuvo representado por Luana Volnovich y Fernanda Raverta, el martes último, en el acto de Lomas de Zamora en el que Insaurralde, Fernández y Kicillof anunciaron un bono puente por única vez para los jubilados, antes de la actualización que viene en septiembre.  

Por alguna razón, Kirchner hijo pocas veces aparece en los actos que anima el gobernador. Su madre, en cambio, ya incursionó en provincia junto a Kicillof en Las Flores, en La Plata y en Lomas de Zamora. Ese juego de equilibrios internos, con un Kicillof que ahora pretende sumar diputados que defiendan su gestión desde el Congreso, se verá reflejado en la boleta del Frente de Todos. De un momento a otro, los dos miembros de la fórmula presidencial de 2019 deberán sentarse a discutir el nuevo esquema de poder que asoma detrás de las listas. ¿Con qué fuerza política piensa el gobierno peronista encarar los dos años que le restan de mandato? ¿Con qué nombres? ¿Con qué orientación? ¿Con que prioridades? ¿Con qué alianzas?

El pancristinismo tiene como meta defender su victoria de 2019 en un contexto dramático. Más de 100.000 muertos es una cifra descomunal que interpela al gobierno que se abrazó temprano al triunfalismo pero también al sector de la oposición que, después de fracasar en el poder, apostó todo a debilitar a los Fernández en medio de la peor pandemia del último siglo. De fondo, un sismo sacude las bases de la sociedad en un marco que le cuesta la derrota a la mayor parte de los oficialismos en distintos países. Junto con la apertura, la vacunación acelera como nunca y busca generar un nuevo clima social, pero las víctimas fatales siguen siendo muchas cada día y la recesión solo cede en algunos rubros como la construcción y la industria.

Con tarifas congeladas y dólar pisado, el último dato de inflación confirma una lentísima desaceleración y una carrera desigual entre precios y salarios. Con una masa en expansión de trabajadores informales y precarios, el IPC de 3,2% en junio y 25,3% en apenas seis meses se llevó puesta en tiempo récord la meta de Martin Guzmán y dejó a casi la mitad de la población por detrás de los aumentos. Para Matías Rajnerman, si en 2015 las paritarias abarcaban a 2 de cada 3 trabajadores, los convenios colectivos incluyen hoy con suerte a 1 de cada 2. Además, a la caída del salario real que ya lleva 3 años y medio, se le suma lo que el director de Ecolatina considera una “reforma laboral de facto”: se está destruyendo empleo privado formal y los trabajadores que entran o vuelven al mercado laboral lo hacen en condiciones de precariedad. 

Dentro del pico de inflación interanual del 50,2%, hay dos sectores que vienen subiendo en forma acelerada. De acuerdo al informe de coyuntura de julio que elabora un grupo de economistas que conduce Roberto Feletti, la Canasta Básica Alimentaria aumentó 46% durante 2020, 21% en lo que va del 2021 y acumula una suba del 76% desde que asumieron los Fernández. Daniel Funes de Rioja, el presidente de la COPAL que acaba de asumir como titular de la UIA, dice el trabajo, no parece el mejor referente empresario para lograr la estabilidad de precios de los alimentos. Es una variable que golpea directo en los sectores más vulnerables, donde se encuentra la base de adhesiones del Frente de Todos.

El otro rubro con mayor aumento, según la consultora ACM, fue el de “Comunicación” (7%), en donde influyeron tanto el incremento dispuesto por ENACOM del 3% para junio como las medidas cautelares que consiguieron las telcos. En ese punto se advierte que el Grupo Clarín le dobla el brazo al gobierno de los Fernández. Queda pendiente la suba del 5% retroactiva a julio que acaba de autorizar el massista Claudio Ambrosini. También hay que considerar las subas en las escuelas privadas y la actualización que siguen reclamando las prepagas con Claudio Belocopitt como abanderado. Talón de Aquiles del último cristinismo y casi duplicada por el macrismo final, la inflación le sirvió a Guzmán para licuar los ingresos de jubilados y empleados estatales en el primer semestre pero es uno de los temas que complica al gobierno en la nueva etapa que se abre el 14 de noviembre.           

Del lado de la oposición, es Horacio Rodríguez Larreta el que busca inaugurar un nuevo ciclo y sorprende a los que pensaron que no se iba a animar a jubilar tan rápido a Mauricio Macri. Mientras al lado del ex presidente hay quienes sospechan que Larreta también abona las causas judiciales que lo complican, el jefe de gobierno porteño sigue cosechando adhesiones en un establishment que necesita redimirse cuanto antes de su apuesta desmesurada por Macri. 

Tan cierto como que las consignas de Clarín y Techint generan un efecto derrame entre los dueños es que el Circulo Rojo ya se acostumbró a errar con intensidad y pone fichas en varios proyectos a la vez. Facundo Manes es un crédito del establishment que combina la fama del outsider con el apoyo de grandes empresarios que aportan a la Fundación INECO. Bien recibida, la designación de Carolina Castro como candidata de Florencio Randazzo no es el único movimiento en torno del ex ministro de Transporte. El candidato que tuvo a Fernández como jefe de campaña en 2017 se reunió de entrada y vía Zoom con la jefatura de AEA: Héctor Magnetto, Paolo Rocca, Cristiano Rattazzi y Daniel Herrero, de Toyota, estuvieron entre los conectados. También Randazzo tomó contacto con la cúpula de Ancham, la Cámara de Comercio de Estados Unidos en Argentina, donde pesan los laboratorios extranjeros nucleados en Caeme.  

El economista Javier Milei cuenta con sponsors históricos como el magnate Eduardo Eurnekian, de puentes estrechos con el FDT. Resentidos por un candidato que les roba por derecha, en el macrismo afirman que el peronismo de gobierno también va a colaborar para que al crédito libertario le vaya bien. A la inversa y en un escenario de polarización ajustada, Randazzo puede contribuir a una victoria de Juntos en provincia, como lo hizo en 2017.

Aun en plena pandemia y con un gobierno que va y viene envuelto en contradicciones, hay fracciones del empresariado en franca expansión. No solo el neocristinista José Luis Manzano, ahora dueño de El Cronista y siempre atento a las oportunidades que se abren. De acuerdo al informe de Feletti, al desagregar el número del crecimiento del primer trimestre del 2,5%, se observa no sin sorpresa que el conductor del crecimiento de la demanda agregada fue la inversión, con una variación interanual positiva del 38,4%, muy por encima de la mejora en las exportaciones (1,2%) y la caída en el consumo privado (-0,7%) y el consumo público (-0,5%). “Estos números confirman que la dinámica de los agentes económicos tiende a fluir por carriles diferenciados de los reclamos de la cúpula empresarial, en nítido conflicto con el gobierno”, dice.

Con tarifas congeladas y el salario real devastado, el establishment no lo dice, pero se favorece de una fuerte reducción de costos. La contracara es esa olla a presión que contienen como pueden la Iglesia y los movimientos sociales entre los sectores más perjudicados, pero también una conflictividad que ya se apodera de las calles y, todo indica, irá en ascenso camino a las elecciones. En teoría, los Fernández coindicen en que hace falta rescatar al poder adquisitivo del quinto subsuelo para que vuelva a girar la rueda del consumo, pero hasta noviembre solo habrá paliativos en forma de anuncios. Cómo lograrlo en serio y sin caer en la inestabilidad macro de la que habla Guzmán, ese es el desafío mayor del gobierno para la nueva etapa.

DG

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