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OPINIÓN

El desquicio, la productividad y el CONICET

Diego Capusotto como Violencia Ribas.

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Desquiciada es la persona que está alterada y fuera de sí o ha perdido la tranquilidad o la paciencia. Esta versión de Violencia Ribas, es una síntesis perfecta del proceso mental por el que atraviesa un desquiciado. Comienza hablando con un tono normal, se entusiasma con su propio discurso, abandona el filtro por el que pasan sus pensamientos y finalmente, fuera de sí, dice lo primero que se le viene a la mente, tenga o no sentido. Pero lo dice con enorme convicción. Para profundizar en la parodia, la ironía y la sátira que ponen en juego Saborido y Capussoto, podés leer Violencia Ribas, una mujer furiosa de la investigadora Mercedes Moglia, al que pueden acceder, entre otros 202.474 trabajos publicados por 178.739 investigadores, en el sitio CONICET DIGITAL

 No hay una única forma de definir ni de medir la productividad. Tomemos aquella que la entiende como la relación entre lo que se obtiene como resultado a partir de lo que se puso como insumo. La productividad laboral, más en concreto, surgirá entonces del cociente entre el valor agregado de lo producido y las horas necesarias para producirlo. Ese cociente dará por resultado un coeficiente a maximizar. Es decir, cuanto mayor valor agregado aporte cada hora de trabajo, más productiva será esa empresa.

En nuestro país, en 2003, comenzó un proceso de crecimiento industrial que se prolongó hasta 2011 y, al mismo tiempo, se producía un aumento de la productividad del trabajo. En 2011, según la Encuesta Industrial (INDEC), la productividad aumento el 8%. Es necesario decir que dicho crecimiento puede tener distintos orígenes o causas. En las primeras etapas de un proceso de recuperación y crecimiento de una economía, el aumento del uso de la capacidad ociosa instalada es el elemento que potencia la productividad. En segundo lugar, el aumento de la productividad se apalanca en la incorporación de nuevas tecnologías de producción que logran reducciones de costos. Esta forma de productividad está estrechamente asociada a la capacidad de una sociedad de generar conocimiento, de inventar, de innovar, de diseñar máquinas, de digitalizar procesos, de desarrollar insumos. Pero existe una tercera manera de lograr mayor productividad: la externalización y flexibilización laboral que se traduce como productividad a costa del factor trabajo, o sea, a costa de los trabajadores.

Entonces la cuestión es: mayor productividad sí, pero ¿cómo? Recomiendo este artículo de Adriana Goldschvartz y Laura Perelman, que podrán descargar del sitio CONICET DIGITAL

 A propósito de la controversia sobre la productividad del CONICET, han surgido innumerables respuestas de investigadores en los ámbitos de las ciencias de la salud y las ciencias exactas. Más difícil resulta encontrar respuestas en el ámbito de las humanidades. Decíamos que no hay una única manera de medir la productividad, pero el desafío es mayor cuando el output, es decir la producción, es un intangible, cuando no hay un satélite para lanzar, una vacuna para colocar, un medicamento para recetar o una impresora 3D capaz de fabricar un dispositivo para salva vidas. Sin embargo, pensando en lo que no se puede ver ni tocar, me pregunto ¿cuán rigurosas serían las discusiones de los comités de ética de los hospitales públicos y privados si no contaran con las investigaciones pertinentes para decidir sobre cuestiones esenciales a la vida? ¿Cuál sería el indicador para medir la productividad de un paper que aporta elementos imprescindibles a una decisión de esas características? ¿Será acaso imperativo caer en la urgencia de diseñar un indicador de productividad para la producción en el ámbito de las humanidades?

No es tan grave el desquicio de las formas como si lo es la inconsistencia de las ideas. No asusta el tono con el que se dice, asustan las ideas que se dicen.

En tiempos en donde la tecnología nos permite que las investigaciones no se queden guardadas en un cajón después de ser debatidas por pocos, en donde el acceso a miles de valiosísimos trabajos está a un clic de distancia, en donde la economía del conocimiento es ponderada como una de las nuevas fuentes de ingresos de divisas al país, clave para superar la tan mentada restricción externa, en tiempos en donde la creatividad, la innovación, las formas disruptivas de producir, las maneras de alcanzar mayor productividad son la base de cualquier emprendimiento público, privado, colaborativo o cooperativo, atentar contra la producción de conocimiento de base es incompatible con nuestro futuro. Vaya aquí, por último, un dato alentador para contrarrestar el desconsuelo: una encuesta de la Universidad de San Andrés sobre imagen de sectores, actores y organizaciones de nuestro país dio como resultado que los científicos encabezan el listado con un 35% de imagen positiva. 

MS

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