Opinión

Jujuy, un modelo para desarmar

Gerardo Morales, gobernador de Jujuy

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Jujuy se ha vuelto un modelo en la política argentina. Un mal modelo, el de Gerardo Morales. Un gobernador ultrarrepresivo tierras adentro y de modos dialoguistas en la escena nacional a partir de una amistosa relación con el gobierno de Alberto Fernández.

Se llega a extremos impensados: bajo el régimen moralista hace ocho meses que la Legislatura jujeña impide que el Frente de Izquierda cumpla con la rotación en una banca, un método que se aplica en todo el país desde su fundación y que es una característica de nuestro frente. Pero en Jujuy se niegan a aceptar la renuncia de un diputado y, por ende, no le permiten asumir en su reemplazo a mi compañero economista Gastón Remy. ¿Por qué? “Porque no quiere el Gobernador”, dicen los pasillos. Morales toma esa medida porque no le perdona que Remy haya denunciado los mecanismos de fraude del Gobernador, la represión a la protesta y los despidos a los trabajadores del ingenio La Esperanza o que los diputados cobren una dieta extra sin registrar. 

Gerardo Morales llegó al poder de la mano de un peronista, un aliado de Sergio Massa, el vicegobernador Carlos Haquim, y rápidamente montó un régimen policial reforzando los mecanismos más autoritarios y antidemocráticos del Estado. Apenas asumió se ensañó con la protesta social y ordenó detener a Milagro Sala y otros dirigentes durante un acampe, como parte de un plan para doblegar a las organizaciones sociales, sindicales, la izquierda y a todo opositor a sus políticas de ajuste, que comenzaron bajo el gobierno macrista y continúan a la fecha pese a que tanto la administración anterior como la actual la tienen como una de las provincias favoritas a la hora de repartir fondos.

Para llevar adelante este proceso de disciplinamiento, Morales creó un verdadero ‘ministerio de la persecución’, al que llamó Ministerio Público de la Acusación. Podemos dar testimonio de ello: muchos de nuestros compañeros trabajadores y trabajadoras de Aceros Zapla, el Ingenio La Esperanza y empleados estatales fueron despedidos o recibieron denuncias penales. Se llegó al extremo de despedir en plena pandemia a trabajadores y trabajadoras de la salud por tener “ideales diferentes”. 

A su vez, marcando tendencia, Morales amplió de cinco a nueve el número de jueces del Tribunal Superior jujeño y designó a sus apoderados y amigos radicales como cortesanos para obtener una mayoría propia. Para coronar la intervención judicial, hace unas semanas elevó a juez del Tribunal Superior al ministro de Justicia Ekel Meyer, quien lideró la detención de Milagro Sala, que lleva cinco años presa. Ocupó su lugar el jefe de Policía Guillermo Corro, quien comandó los operativos represivos ordenados por Morales.

Este régimen se sostiene en un histórico bipartidismo radical-peronista que viene gobernando Jujuy para las multinacionales mineras que buscan extraer el preciado litio, los terratenientes del tabaco y, fundamentalmente, la familia Blaquier, a la que siempre le han cubierto las espaldas. Dueños del Ingenio Ledesma, los Blaquier son el símbolo de la impunidad de la pata civil del genocidio perpetrado en la Argentina. No parece importar: los últimos días ellos volvieron a festejar medidas del Gobierno nacional que establecen retenciones cero al negocio de cítricos y el aumento sideral del precio del biocombustible.

Con todo esto, el Gobernador cree tener derecho a decidir incluso quién puede asumir como diputado y quién no. A Morales le incomoda que haya surgido en la provincia una fuerza política independiente, de izquierda, que está en la Legislatura para amplificar la voz de los que reclaman, una voz para la juventud y los pueblos originarios; para denunciar el trabajo infantil en las plantaciones de tabaco o acompañar a los mineros de El Aguilar que están en este momento luchando contra el cierre de la mina.

Denunciar esos atropellos es fundamental en momentos en que la crisis golpea fuerte en la Provincia, mientras los reclamos se multiplican tanto como los intentos de Gerardo Morales de mostrarse como “el mejor gobernador del país”, dialoguista y activo, algo muy diferente a lo que vive el pueblo de Jujuy.

MB

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