Como Monzón, mirando el reloj

Alberto Fernández y Cristina Kirchner, el domingo.

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Entre las varias paradojas que presenta, el peronismo ha sido desde su origen principal garante del sistema y, al mismo tiempo, la principal acechanza a su estabilidad. Estamos asistiendo a una muestra de esto último.

La vicepresidenta ha avanzado sin reparos sobre la escasa autoridad del presidente a quien delegó el poder político a riesgo de desatar una crisis institucional.  

El resquebrajamiento del Frente de Todos muestra que la unidad del peronismo, tal como la concibió Cristina Kirchner, es un artificio. No puede ser casual que el movimiento de Perón haya estado roto y disperso durante casi una década. Hoy es una suma de pedazos que no encajan.

El regreso al poder ha sido el pegamento y ese poder amenaza con escurrirse. La derrota desnudó los límites de la unidad, la difícil sustentabilidad de un espacio con posiciones casi antagónicas sobre cómo sacar a la Argentina de su atolladero, tal el mandato que el pueblo le confió en 2019.

El Presidente, todo indica, está por estas horas haciendo correr el minutero. Un funcionario recordó la histórica imagen de Carlos Monzón mirando el reloj del Luna Park, en una de sus tantas defensas del título mundial, después de haber recibido un volado de derecha del estadounidense Bennie Briscoe. Fernández, campeón de Corrientes, deja correr la hora. Apela a su única táctica conocida: mantener la vertical. Suma apoyos modestos, entretanto. El papel que asuma Sergio Massa puede ser decisivo.

El desenlace por estas horas es incierto. Aún no está claro cuál es el verdadero propósito de la vicepresidenta ni el alcance de su movimiento. Si las renuncias masivas son un método de presión para acelerar el cambio de rumbo o si a esta altura busca algo más que eso. La vicepresidenta hizo saber que llamó al ministro Martín Guzmán para ratificarle su apoyo. Más confusión. La continuidad de la decena de funcionarios que pusieron a disposición de Presidente su renuncia es algo sobre lo que hasta el momento nadie se atreve a opinar en la Casa Rosada.

¿Hay regreso?

El movimiento de la vicepresidenta desnuda dramáticamente y sin pudores la situación que hemos naturalizado: el poder está fuera del palacio. 

WC

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