VISITA OFICIAL

Diario de Boric en Buenos Aires: desapego al protocolo, Malvinas y un encuentro con Cristina que no fue

Alberto Fernández recibió a Gabriel Boric

El hombre estiró la mano y el mandatario se la tomó con fuerza. “Estoy trabajando acá en Buenos Aires. Vamos a volver a Chile. ¡Vamos Chile!”, escuchó Gabriel Boric y le devolvió una sonrisa, mientras continuó caminando hacia el monumento a San Martín, en la plaza que lleva el nombre del Libertador de América a metros de la Cancillería. 

Gabriel Boric, en Casa Rosada, en su primera visita de Estado: "Nos une una profunda hermandad"

Gabriel Boric, en Casa Rosada, en su primera visita de Estado: "Nos une una profunda hermandad"

Por fuera de la previsto, salió caminando del hotel Park Tower para cruzar la avenida Libertador y visitar el cenotafio a los caídos de Malvinas, para luego seguir a pie al encuentro con Santiago Cafiero, con quien dejó una ofrenda floral al prócer argentino, justo en un nuevo aniversario del “Abrazo de Maipú” que el militar argentino protagonizó el 5 de abril de 1818 con Bernardo O’Higgins.

Así comenzó la primera visita oficial del joven mandatario chileno en Buenos Aires, donde –con apenas 36 años, vestido de traje pero sin corbata, y poco apegado a los protocolos– se codeó con las cúpulas de los tres poderes del Estado argentino, aunque no pudo sortear ni la interna kirchnerista ni la grieta entre el oficialismo y la oposición. 

Boric llegó al país el domingo por la tarde, y aprovechó las primeras horas para pasear por el barrio de Palermo y comprar libros en la librería Eterna Cadencia. Eligió cinco títulos, entre ellos uno del pintor peronista Daniel Santoro y otro de la escritora y periodista Mariana Enríquez, ambos argentinos. Amante de la poesía, el mandatario chileno también recibió de regalo durante su visita el último libro de Cristian Alarcón, “El tercer paraíso”, novela ambientada en el sur chileno y Buenos Aires. Por la noche, luego de su tour literario, compartió una cena privada con Alberto Fernández en Olivos.

Esta mañana, incluso luego de saludar a Cafiero en la Plaza San Martín, Boric se separó nuevamente del protocolo y se acercó a hablar con alumnos de una escuela primaria que participaron del acto. También se lo vio hacer una reverencia cuando tres personas levantaron una bandera del Partido Comunista chileno –parte de la alianza gobernante en La Moneda–. Al salir, les dedicó los dedos en V de su mano izquierda.

Arriba de un Mercedes Benz negro y con vidrios polarizados, Boric se dirió a la Casa Rosada, donde en la explanada se estrechó en un abrazo con Fernánedz. El mandatario argentino lo guió hasta la Escalera Francia, donde se tomaron una foto, y luego a su despacho para la bilateral a puertas cerradas. Posteriormente cada uno presentó su comitiva de ministros en el Hall de los Vitreaux. 

Aunque conversaron temas delicados como la plataforma continental en la Antártida, la cuestión mapuche en la Patagonia y la situación del ex guerrillero Galvarino Apablaza, los términos del encuentro entre los mandatarios fueron en sintonía, como luego expresaron ambos ante la prensa. Allí no ahorraron elogios y se trataron de “amigos”, “aliados” y “cómplices”. Con respuestas más largas, apoyado por momentos en el atril o con los brazos en jarra, la juventud del mandato de Boric contrastó con el tono pausado y conciso de Fernández, quien ya atraviesa el tercer año de gobierno y una interna al rojo vivo.

A contramano incluso de la polarización que atraviesa la política argentina, Boric incluyó en su nutrida comitiva no solo a parte importante de su gabinete –por caso, en su mayoría mujeres, como la ministra de Relaciones Exteriores, Antonia Urrejola; la ministra de Defensa, Maya Fernández; la ministra de la Mujer y Equidad de Género, Antonia Orellana, y la ministra de Cultura, Julieta Brodsky–, sino también los presidentes del Senado y la Cámara de Diputados de Chile, Álvaro Elizalde, y Raúl Soto. También subió al avión al titular de la Corte Suprema trasandina, Juan Eduardo Fuentes.

Luego de un almuerzo frugal y en soledad en su hotel, Boric continuó su jornada en el Congreso, donde fue recibido por Sergio Massa y la presidenta provisional del Senado, Claudia Ledesma Abdala de Zamora. Cruzó el Salón Azul para firmar el libro de honor, pero no pudo encontrarse con Cristina Kirchner, que estaba en El Calafate, en “un viaje programado desde hacía tiempo”, según comentaron a elDiarioAR en el Instituto Patria. Tampoco se encontró con ningún miembro de la oposición, que no fueron invitados al convite, recogió este medio en fuentes parlamentarias de Juntos por el Cambio.

Al caer la tarde esperaba su penúltima cumbre con el poder argentino en la sede de la Corte Suprema, con el presidente  Carlos Rosenkrantz y los ministros, Juan Carlos Maqueda y Ricardo Lorenzetti. 

La jornada intensa de Boric tenía en agenda finalizar en el Centro Cultural Kirchner con una la cena en su honor y con el “Concierto de la Hermandad argentino chilena”, del que estaba previsto que participen artistas trasandinos –como Inti Illimani– y locales –como Víctor Heredia Teresa Parodi y Chango Spasiuk–. Sería un cierre distendido y con música, aún más lejos del protocolo al que trata de esquivar, donde el mandatario chileno tendría la oportunidad de probar por primera vez –como él mismo admitió en una entrevista que ofreció antes de llegar al país– el fernet con coca.

MC

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