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Es miércoles y en Casa Rosada, a media tarde, hay una extraña calma. Luego de cinco días frenéticos, de pulseo explícito y brutal por el affaire Basualdo, Alberto Fernández y Cristina Kirchner compartieron un acto en Ensenada y montaron una trabajosa foto de la unidad. Temprano, tuvieron una charla difícil en la que entre reproches y disculpas, acordaron encapsular el episodio.

Después del acto en Ensenada, Fernández estuvo reunido con Sergio Massa, almorzó con Santiago Cafiero y se vio con Eduardo "Wado" De Pedro. Repasó, en esas rondas, varios expedientes: la prórroga del calendario electoral, la causa por los fondos de CABA, un Zoom con gobernadores por el PJ, el proyecto para administrar la pandemia y, a esa hora, un secretísimo anuncio de medidas sociales.

Luego de más de 100 horas de tensión, la tregua de Ensenada operó como un reseteo del gobierno que recuperó cierto orden. La tranquilidad después de la paliza, diría Francisco Bochatón. En ese contexto, se instaló en la cima del gobierno y en los satélites, la cuestión electoral.

En dos meses, el FdT se someterá a la trituradora del cierre de listas y pondrá a prueba, en ese ejercicio permanente de alianza, la dinámica del poder, el reparto de cargos, los roles y oficios.

La cabeza de lista debe tener identidad mestiza: que pueda ser considerada albertista pero tener la bendición de Cristina; o ser cristinista pero no parecer un obstáculo o una amenaza para el presidente

El viernes, unas horas antes de emprender su gira por Europa, Fernández lanzó desde el Museo de Bicentenario un paquete de medidas sociales. Sentó en la mesa, porque está en el rubro, y luego envió como vocera a Victoria Tolosa Paz, la dirigente que se instaló en los circuitos oficiales como una de las ofertas para el podio de la lista de candidatos a diputados nacionales por la provincia de Buenos Aires.

Puede apuntarse, según lo que se dice en la galaxia FdT, que la cabeza de la lista debería ser una mujer y no pertenecer a una sola de las tribus del oficialismo. Que pueda ser considera albertista pero tener la bendición de Cristina; o ser cristinista pero no parecer un obstáculo o una amenaza para el presidente. ¿Quién entraría en esta última categoría?: Sergio Berni.

"A Alberto le gusta el perfil de Victoria: explica bien al gobierno, comunica bien, banca a Cristina", le dice a elDiarioAR un habitante del primer anillo presidencial. A la vice la han escuchado elogiar el despliegue de Tolosa Paz como vocera. Tiene, además, un enlace directo con Enrique "Pepe" Albistur, histórico secretario de Medios de Néstor Kirchner, pareja de Tolosa Paz.

Pero el menú oficial no se agota, ni mucho menos, en ese nombre. "El que suena, suena", deslizan en el oficialismo frente a las consultas sobre la titular del Consejo Nacional de Coordinación de Políticas Sociales. Como contó elDiarioAR en enero, la primera figura que apareció como potencial candidata fue Fernanda Raverta, titular de la ANSeS, dirigente de La Cámpora -que integró, antes, el Movimiento Evita- pero de buenos vínculos con el PJ. Rankea, a la primera mirada, como camporista pero por su condición de funcionaria albertista ese perfil podría moderarse. Raverta estuvo, el viernes, en la foto grande -a un costado, del lado de Martín Guzmán- del anuncio social.

"Fernanda es buena candidata; es muy laburadora, conoce la provincia, entiende al peronismo", apuntan en Gobierno. Así y todo, mover a Raverta tendría otro efecto: sacarla de la ANSeS, supone resignar un lugar de alta visibilidad, mucha caja, un inmenso despliegue político territorial. Es un lugar que Máximo Kirchner negoció con Fernández luego de la caída en desgracia de Alejandro Vanoli. Mirada hacia atrás, luego de la larga saga de errores e impericias, la salida de Vanoli se ve desmesurada.

"La lista bonaerense siempre es un lugar muy atractivo: el candidato gana visibilidad, mucha exposición, si sale bien puede entrar en las grandes ligas", teoriza un dirigente para explicar porqué todos los espacios querrán colonizar esa lista. ¿Puede, Raverta, ser candidata y luego volver a la ANSeS? Es decir, ser una candidata testimonial. "Alberto no quiere eso: los que son candidatos, asumen en sus cargos", afirman. Si eso no fuese así, otros jugadores podrían subirse al tren del testimonial: Gabriel Katopodis y Daniel Arroyo, por ejemplo. "Santiago no va a ser candidato", dictamina una voz oficial en referencia a Cafiero, el jefe de Gabinete.

Pero hay un tercer nombre, que no cumple la condición de dama. Se trata de Daniel Scioli, ex gobernador, ex candidato presidencial, actual embajador en Brasil, hiperactivo y con alta exposición en las últimas semanas. Un grupo de intendentes del conurbano le propusieron armarle una agenda de recorridas, y en despachos del gobierno de Axel Kicillof lo señalan como un candidato posible. "Daniel quiere ser candidato si la candidata de ellos es Vidal", susurran cerca de Scioli.

El hombre de La Ñata cicatrizó los recelos de los sectores K que lo recelaron hasta el 2015 y se convirtió en una figura confiable y, en algún punto, necesaria. Es protagonista de una especie de reivindicación de sectores que, en su momento, lo maltrataron. Ahora puede combinar una foto con Lula Da Silva con el anuncio de que destrabó una exportación argentina a Brasil. Turismo, deportes, diplomacia.

Diagnóstico

Como cada elección bonaerense, la de este año es una una elección clave. Abruma la estadística: hace una década y media que el peronismo, en el poder, no gana una legislativa en la principal provincia del país. La última vez fue en 2005: el peronismo salió primero y segundo. La candidata oficial, Cristina de Kirchner, le ganó a la postulante de un reciente oficialismo, Hilda "Chiche" Duhalde. Para el Senado, los dos peronismos sumaron 61,5%. El viejo truco de resolver las internas en las generales: había ocurrido en la presidencial 2003.

En enero, en un reportaje con elDiarioAR, Emilio Pérsico jugó con esa estadística. "El 2021 no me preocupa tanto porque siempre perdemos la intermedia, Digo más adelante. Igual este año podemos ganar", dijo. La diferencia es que, como no ocurrió en 2009, 2013 y 2017, esta vez el peronismo aparece mayoritariamente unido.

"Ellos creen que estamos mal y que van a ganar. Eso nos conviene", toma aire un funcionario. El acto de Ensenada pareció ordenar la principal pieza del gobierno al apagar la interna oficial. Fernández hizo un discurso que no tiene ni su letra ni su tono, Axel Kicillof tuvo un rapto de albertismo efímero y Cristina Kirchner hizo un despliegue gestual de afirmación de lo dicho por el presidente.

"Si el olor a Frente para la Victoria es muy fuerte es electoralmente malo para el gobierno", fue el diagnóstico que escuchó un dirigente del PJ que pide, además, que reaparezca la partícula massista

En Casa Rosada creen que Vidal no será candidata y que el postulante de Juntos por el Cambio (JxC) será Diego Santilli. Es, quizá, una expresión de deseo: Santilli, aunque pueda fantasear con la experiencia Vidal -que era vicejefa porteña y migró con éxito electoral a PBA- o con Esteban Bullrich -que, casi desconocido, le ganó a CFK- no aparece en las proyecciones como un candidato taquillero o ganador.

Se juntan, ahí, varias lecturas: un alerta grave, desde varias trincheras, de que la situación de la inflación y la pobreza golpea sobre sectores sociales que históricamente acompañaron al peronismo. De ahí que Fernández le pidió a Guzmán que ordene las cuentas para permitir un sobregiro de partidas sociales, lo que empezó con la ampliación de la Tarjeta Alimentar que anunció el viernes. Es lo que definen como la reconquista del voto propio.

Hay un factor más. En febrero, los sectores medios recibieron un alivio con la reforma del impuesto a las Ganancias, pero hoy tienen otras demandas. Un informe que leen en sectores del PJ advierte que el FdT necesita dos cosas. Una: que se modere el superprotagonismo cristinista. Dos: que reaparezca la partícula massista no por Sergio Massa sino por la presencia de un sector/actor que transite el medio, con agenda de inseguridad, PyMEs, jubilados.

"El problema que tenemos es que Sergio se desdibuja y deja de ser el Massa que fue en 2019, que resultó fundamental", analiza un dirigente. "Hay que volver a hacer massismo, aunque sea sin Massa", propone. Esa demanda debe estar satisfecha en el dibujo electoral de las Todos y la figura más mencionada es la de Malena Galmarini, titular de AySA, pareja de Massa y dirigente de familia peronista.

PI

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