Zamora ganó otra vez la gobernación: ¿Cómo gobierna el poderoso Frente Cívico en Santiago?

Gerardo Zamora y su mujer, la senadora Claudia Abdala, la noche del domingo.

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Gerardo Zamora logró otro arrollador triunfo en Santiago del Estero. Será gobernador por cuarta vez, en el quinto mandato consecutivo del Frente Cívico – entre 2013 y 2017 gobernó Claudia Ledesma de Zamora. El domingo obtuvo el 62% de los votos con 50 puntos de diferencia contra la segunda – Natalia Neme, de Juntos Por el Cambio – y, aun así, es la victoria menos holgada en las dos décadas del zamorismo en el poder. Esta hegemonía oficialista tienta a las comparaciones con otros gobernadores de largo aliento como Insfrán o Rodríguez Saa. También habilita a la crítica porteña sobre las – burdamente calificadas –provincias feudales. Pero, como dice el latiguillo que gustan usar los sociólogos, es más complejo que eso.

Hacía un mes que Gerardo Zamora había cumplido 41 años cuando fue electo gobernador por primera vez, en febrero de 2005. Se iba la Intervención Federal que había terminado con el juarismo, que gobernaba desde 1995. En esa época, de treintañero, Zamora había sido dos veces diputado provincial, luego viceintendente e intendente de la capital santiagueña. Va a cumplir 60 hacia finales del mandato para el que lo acaban de reelegir. Radical hasta el hueso, aunque fue expulsado de la UCR en 2010, alguna vez cerró un acto gritando: “¡El gorilismo me peroniza!”. A poco de asumir su primer mandato, construyó una alianza imperturbable con el PJ, que le garantiza el dominio político de la provincia. 

En estas dos décadas de gobierno del Frente Cívico, Zamora apenas ha subido un poco de peso y tímidamente se le insinúa algún mechón gris sobre el pelo negro. Su poder y su energía parecen intactos. Después de la primera elección, que fue polarizada – 46% contra 39% del PJ en 2005 – el Frente Cívico ganó siempre – y ya con el justicialismo reacoplado hacia el interior del frente de gobierno – con números apabullantes: 85% en 2009, 64% en 2013, 68% en 2018, y ahora con un 62%. 

En esos años, Santiago ha tenido notables cambios en su estructura económica y en los equilibrios de poder. 

Producción, empleo, desigualdad

Santiago es una provincia históricamente empobrecida. Pero el Acta de Reparación Histórica, que firmó el presidente Néstor Kirchner con Gerardo Zamora en 25 de mayo de 2005, tres meses después del inicio del gobierno del Frente Cívico, inyectó fondos de Nación que dieron inició a una etapa de notable crecimiento. La cintura política y la administración estratégica permitieron sostener esa tendencia fundamentalmente durante el ciclo kirchnerista y amortiguar la recesión durante el gobierno de Cambiemos. 

Un informe de la Universidad Católica de Santiago del Estero, elaborado por los economistas Fernando Cerro y Mariano Parnás, muestra que entre 2004 y 2018 casi todos los sectores productivos tienen tasas de incremento superlativas, incluso muy por arriba de las cifras nacionales. Sólo algunos ejemplos: agricultura y ganadería creció un 117%, (frente a un 12% a nivel nacional); construcción 155% (frente a un 51%); hoteles y restaurantes 124% (frente a un 65%); comercio 97% (frente a un 51%). 

Con todo, Santiago sigue lejos de ser una provincia industrializada. Intentó hacer punta con las inversiones en Coteminas, en el rubro textil y Viluco, una planta de biocombustibles. Entre el período 2015-2019 la primera se achicó y la segunda cerró. 

En términos del aporte al PBG, el sector del comercio sigue siendo el de mayor peso, y el de la construcción es el que más se ha dinamizado – en quince años se ha cuadruplicado la cantidad de puestos de trabajo en el sector – sostenido fundamentalmente por la obra pública. 

La obra pública ha cambiado el paisaje de las ciudades, con la construcción de edificios brillantes y modernos, la impecable restauración de otros antiguos y emblemáticos, el emplazamiento de nuevos hospitales, centros de convenciones, y lujosos centros deportivos. 

Y aunque desde la oposición se critican las obras fastuosas en una provincia donde todavía tiene muchísimas localidades y parajes sin agua potable o caminos, la provincia es menos desigual que hace quince años: el índice de Gini, calculado por Parnás, descendió de 0,51 en 2003 a 0,35 en 2015. Incluso por debajo del índice nacional, que en el mismo período fue del 0,51 al 0,42.

Sin embargo, es en la cuestión del empleo donde la provincia presenta sus contradicciones y una vieja deuda en materia salarial. Este es uno de los flancos débiles que son atacados por los referentes locales de Juntos Por el Cambio o los partidos de izquierda. Y que pueden relativizar los anuncios que el gobierno suele hacer con bombos y platillos. El último, en octubre pasado, que dio a la planta estatal un incremento del 57% y un bono de 90.000 pesos. En Santiago aún predomina el empleo estatal: hay 68 empleados públicos provinciales cada 1000 habitantes – la media nacional es de 52 cada 1000 – y con salarios más bajos que los de las demás provincias. Y hay, también, mucho sobreempleo: como los salarios son bajos, las personas empleadas trabajan más que en otros aglomerados. 

Por otra parte, existe un piso histórico de trabajo no registrado que no cambia con los años, y que el economista Mariano Parnás calcula en “aproximadamente del 45%”, sumado a que la provincia “posee los salarios privados registrados más bajos del país”. Según datos del Ministerio de Trabajo, para 2019 en Santiago “las remuneraciones corrientes por todo concepto ascendieron a 31.174 pesos, cuando a nivel nacional la misma variable equivalía a 48.453 pesos”. 

La contradicción se da en que, según datos de Indec, en 2020, Santiago del Estero fue la provincia con la menor tasa de desempleo: 3,9%, que está muy por debajo de la tasa a nivel NOA, de 7,2%. Y sin embargo, el aglomerado Santiago-La Banda tiene un 50,2% de la población bajo la línea de pobreza, ocupando el cuarto puesto de los 31 aglomerados medidos por el Indec el primer semestre de 2021. La provincia crece, la gente tiene trabajo, pero la plata no alcanza.  

La arquitectura del poder

Con sus luces y sus sombras, el proyecto de desarrollo del Frente Cívico ha sido posible por la construcción de un sólido bloque de poder prácticamente intocable, sostenido en tres patas fundamentales. 

La primera es la consolidación de un frente diverso de partidos que compiten pero se referencian todos en la figura de Gerardo Zamora. “El Frente Cívico es un sistema político en sí mismo”, dice Hernán Campos, investigador de la Universidad Nacional de Santiago del Estero y autor del libro Redes políticas y elecciones en Santiago del Estero. Allí explica que el oficialismo provincial construye predominio pero “convive con un proceso de disputa política electoral local entre redes”. Por los menos desde 2008, en municipios y comisiones municipales las agrupaciones radicales y peronistas se mantiene la competencia política, la disputa territorial y el conflicto de intereses. Aunque todos alineados bajo la figura de Zamora. Y los partidos que juegan por fuera del Frente Cívico, tienen un peso mucho menor. 

En 2021 esta competencia entre fuerzas internas del oficialismo se ha expresado por primera vez en la elección provincial, que ha presentado listas separadas para la elección legislativa provincial. 

Victoria Ortíz de Rozas, investigadora experta en política subnacional, señala que “las prácticas electorales que colocan al gobernador como el elector principal gozan de una gran legitimidad entre los líderes políticos, que presentan diferentes argumentos en su apoyo al gobernador” y advierte que “más que un juego en el cual ellos ven cercenada su libertad de acción, se trata de prácticas políticas creadas y recreadas por sus participantes, que creen que la mejor opción es formar parte del oficialismo”. 

Mientras tanto, el rostro de la oposición por fuera del Frente Cívico, ha cambiado varias veces durante estas dos décadas. Hasta estas elecciones, el Frente Renovador y Juntos Por el Cambio disputan el rol de principal fuerza opositora. Y por lo bajo, unos y otros se acusan mutuamente de tener a sus principales líderes cooptados por el zamorismo. Zamora, en tanto, no discute con ellos. Casi que ni los registra. De hecho el discurso político del Frente Cívico tiene, en general, un bajísimo componente adversativo. Cuando el gobernador ha salido a la palestra pública, su Otro siempre ha estado afuera: algún diario de Buenos Aires que publica una nota crítica sobre Santiago, Mauricio Macri – sobre todo después de dejar la presidencia – o, más en abstracto, los porteños que no entienden a las provincias. 

Ese bajo nivel de disputa visible local es la segunda pata fuerte del esquema de poder. La idea de paz social que reinaría en la provincia la repiten casi en cada discurso desde el gobernador, su gabinete, funcionarios de segunda línea y los punteros del territorio. En el Santiago del Frente Cívico las diferencias sectoriales también se absorben y procesan hacia adentro: existe una mesa de diálogo del trabajo – donde están los principales gremios provinciales, aunque no todos – y se apuesta a licuar el conflicto social. Lo cual no quiere decir que no exista. 

En Santiago han sido históricas en los últimos años las masivas movilizaciones de trabajadores de la salud y del sector docente, reclamando fundamentalmente la cuestión salarial y que se levante la intervención del Consejo de Educación, que rige desde 2016. También las movilizaciones por los recurrentes casos de violencia policial y asesinatos en comisarías o persecuciones. 

Salvo cuando se alcanza algún acuerdo oficial, estos conflictos y las voces opositoras más fuertes no tienen visibilidad en los medios de comunicación masivos locales, que están orientados por la agenda gubernamental. Y, desde hace 20 años, los grandes grupos mediáticos locales que otrora competían –cuando no se atacaban– hoy tienen una notable convergencia discursiva.  

Y esto tiene que ver con la tercera pata de la arquitectura del poder oficial. Es que los grandes dueños de los medios son a la vez empresarios de la construcción, el transporte y los servicios y también dependen de concesiones o contratos con el Estado. 

Mientras que el gobierno juarista que antecedió a Zamora tuvo preferencia con algún grupo económico selecto, durante los años del Frente Cívico ha habido una voluntad de guardar buenas relaciones con todos y mantener una elite empresaria relativamente diversificada, posibilitada por la bonanza económica. 

En su discurso del domingo a la noche, Zamora dijo: “Los convocamos a todos a buscar los consensos, las ideas, la imaginación y el trabajo conjunto para que la provincia despegue definitivamente. Estamos preparados para un crecimiento exponencial de Santiago del Estero y nos necesitamos todos”.  

EP/WC

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