Día Internacional de las Mujeres

"El Estado es responsable" y "Reforma judicial feminista": reclamos en la marcha feminista que llenó la Plaza Congreso

El fin de la violencia machista fue, otra vez, el reclamo principal frente al Congreso.

"Cuesta mucho conseguir justicia". Contra las rejas de un monumento de la Plaza de los Dos Congresos, Mercedes Zambrano, que es enfermera del Hospital Garrahan y hermana de una mujer asesinada por su pareja en 2008, cuenta que ese es el principal motivo por el que, una vez más, está en una marcha que exige al Estado y a la sociedad el fin de la violencia de género.

No está sola: la acompañan otros integrantes del colectivo Atravesados por el femicidio. Tienen, además de una bandera grande y violeta, algunas más chicas con el nombre y la foto de la víctima que vienen a reivindicar y que a veces se repite en sus remeras. Una hija, una tía, una madre, una amiga, una hermana. Alguna de todas las mujeres que fueron víctimas de crímenes por violencia de género en la Argentina.

"Desde que asesinaron a mi hermana hubo algunos cambios positivos. Apareció la figura del femicidio y se le puede dar perpetua al agresor, se sancionó la Ley Brisa, que da un apoyo económico a los hijos de las mujeres asesinadas hasta que sean mayores de edad. Pero todo cuesta: que la Justicia lo tome como un femicidio, que efectivamente se pague ese apoyo económico. Y los asesinatos siguen, intactos. Se mantienen, no bajan, e incluso a veces crecen", dice Mercedes. Según estadísticas de la organización civil La Casa del Encuentro, que recaba casos de femicidios desde 2008, en 2020 una mujer fue asesinada cada 29 horas y en lo que va de este año el panorama se agravó: una mujer muerta cada 26 horas.

"Estamos acá para reclamar una profesionalización en serio del fútbol femenino, y que la AFA deje de lado la resolución que ahora autoriza a un máximo de 32 años para incorporarte a un equipo como jugadora. Y, obviamente y antes que nada, para reclamar que dejen de matarnos". Carolina sostiene una bandera azulgrana que dice San Lorenzo Feminista. La rodean otras chicas: hay camisetas de Boca, de Independiente y de River, y una pancarta enorme que las agrupa: "Coordinadora de fútbol feminista sin fronteras", dice. Tiene una tobillera con los colores del club del que es hincha y socia y un grupo de WhatsApp con 130 mujeres que siguen a ese mismo equipo en todo el país: debaten qué políticas de género deben incorporarse en el deporte para que sea realmente igualitario.

"Es urgente que haya una reforma judicial feminista. Que todos en la Justicia cumplan con la ley Micaela, que los fiscales y los jueces tengan perspectiva de género, que haya elección popular de algunos de esos cargos y que haya juicios por jurados", dice Mariana. Tiene 22 años, es de San Martín, estudia abogacía y está parada justo debajo de una de los dos pasacalles que, como ella, dicen "Reforma judicial feminista" y tienen escrito "Todos" con un sol amarillo oficiando de una de las vocales, como en el logo del Frente de Todos.

Del lado sur de la plaza se concentran las agrupaciones más ligadas al oficialismo: están allí La Cámpora, Barrios de pie, y la Unión de Trabajadores y Trabajadoras de la Economía Popular, entre otras. La exigencia por la reforma judicial se repite en algunas cartulinas y en algunos megáfonos. En este rincón de la manifestación, las exigencias al Estado se limitan al Poder Judicial: ni el Congreso ni el Poder Ejecutivo son interpelados.

"Desde Plaza de Mayo viene marchando una movilización que concentra a agrupaciones independientes del gobierno de turno. Las organizaciones oficialistas decidieron que la convocatoria tenía que cuestionar sólo el rol de la Justicia, y eso es una absolución y un desconocimiento del fracaso de las políticas del Poder Ejecutivo. Por eso sigue habiendo una marcha independiente, porque todo el Estado es responsable", dice la ex diputada por el Frente de Izquierda y de los Trabajadores Romina Del Plá.

"Lo que planteamos es que se cree un consejo autónomo de mujeres, electo por organizaciones por voto popular, que sea independiente del gobierno de turno, y que se cree un único fuero judicial para los casos de violencia de género, porque si no es imposible hacer el seguimiento para saber si un fallo fue misógino o no", explica Del Plá.

Por Avenida de Mayo y después por Rivadavia, empiezan a llegar las filas de las organizaciones de izquierda: el Partido Obrero, el Polo Obrero, el MST, Las Rojas y Pan y Rosas son algunas de las columnas que más espacio ocupan. Sobre el asfalto de esa avenida acostumbrada a las manifestaciones que oscilan entre las exigencias ante Casa Rosada y ante el Congreso, hay manifestantes que ocupan todas las cuadras desde Entre Ríos hasta 9 de Julio. "Que arda todo, que arda todo, contra este sistema, si no vuelvo rompan todo", cantan centenas de mujeres. Algunos varones tocan el bombo o el redoblante, o llevan alguna bandera.

Una mujer trans muestra su cartel para la foto: "Mi cuerpo, mi kiosco. El trabajo sexual es trabajo", dice. A media cuadra, el colectivo Madres Víctimas de Trata marcha con una bandera que sostiene: "Los prostíbulos son un centro clandestino de detención". Uno de todos los debates de los feminismos, entre regulacionistas y abolicionistas, se escenifica en algunas cartulinas. La exigencia del fin de los femicidios, a fuerza de unanimidad, posterga la tensión para cuando haya terminado la marcha.

"Me cuidan mis amigas, no la policía", dice la bandera que flamean cuadro estudiantes de arte dramático. La cartulina de otra, "Yuta femicida". Una más: "Policía misógina, me cuidan las pibas". Una remera que se vende a 250 pesos en la plaza, "Nos cuidamos entre todas". Con engrudo, un colectivo artístico pega carteles fosforescentes: "8M/i mamá sigue planchando", "8M/i pollera sigue siendo corta", "8M/e siguen preguntando cuándo voy a ser mamá", "8M/e siguen diciendo que no tienen amigos violentos".

Por Callao, un hombre se queja. "Miren el quilombo que arman, pelotudas", les grita a tres adolescentes sentadas en el cordón de la vereda. "No sé a dónde tengo que ir a tomar el colectivo, está todo cortado, pelotudas. Chúpenme la pija". Una contesta: "Te la vamos a cortar la pija".

"El Estado tiene que ocuparse, pero sobre todo tiene que cambiar es la sociedad. Hay miles de mujeres marchando y parece que es nada más que un problema de tránsito". Irene tiene 67 años, artrosis y hambre, así que le da la mano a Marisa, su pareja desde hace casi cuatro décadas, y buscan mesa en una pizzería. Tienen cara de haber visto y escuchado lo suficiente.

JR

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