Análisis

Una operatoria cuestionable, pero difícilmente judiciable

Kicillof, en un centro de vacunación en el Estadio Maradona de La Plata.

La vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner y el gobernador bonaerense, Axel Kicillof, se defendieron este jueves de las operaciones de dólar futuro que hicieron como jefa de Estado y ministro de Economía en 2015, mecanismos que pueden ser criticables desde el punto de vista económico, pero difícilmente judiciables. Son herramientas a las que echaron mano también Mauricio Macri, Nicolás Dujovne y Federico Sturzenegger en 2018, cuando eran presidente, ministro de Hacienda y jefe del Banco Central y quisieron frenar sin éxito la devaluación. Tanto unas como otras maniobras terminaron siendo ruinosas para la autoridad monetaria, pero unos y otros podrán alegar que pretendían doblegar las expectativas de una depreciación del peso que ocurrió de todos modos.

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El Banco Central del final del gobierno de Cristina Kirchner, que era presidido por Alejandro Vanoli, vendía dólar a futuro a los inversores que terminaron cobrando en la administración Macri, devaluación mediante, a un precio que los benefició. Lo mismo sucedió en 2018. La vicepresidenta y el gobernador señalaron que los peritos de la Corte Suprema indicaron en 2020 que no había habido ningún delito y apuntaron que los que habían apostador al dólar futuro habían sido funcionarios y amigos de Cambiemos. Ella recordó al ex vicejefe de Gabinete y ex dueño de Farmacity, Mario Quintana. Él, a Socma, el grupo Macri.

En 2015, el tipo de cambio real multilateral (ajustado por inflación y en relación al dólar, el euro, el yuan y el real) estaba al nivel más bajo desde 2001. Eran tiempos de cepo cambiario y el peso oficial estaba sobrevaluado, lo que presionaba hacia un salto del dólar. Sólo entre 1999 y 2001 había estado más caro que en aquellos tiempos. El entonces candidato oficialista, Daniel Scioli, no daba precisiones sobre qué haría con el tipo de cambio y el cepo. En cambio, Macri prometía eliminar el control cambiario, pero insólitamente decía que eso no implicaría una devaluación. El resultado de la primera vuelta electoral en octubre de 2015 alentó las expectativas de victoria de Cambiemos y, con ellas, las de depreciación. Entonces el Banco Central kirchnerista comenzó a vender dólar futuro a un precio menor que el esperado por el mercado para contrarrestar sin éxito las previsiones de un salto cambiario que Macri iba a concretar. Se podrá criticar a los K por defender un tipo de cambio insostenible y perjudicial para la economía argentina, como hicieron los gobiernos de Carlos Menem y Fernando de la Rúa con la convertibilidad entre 1999 y 2001. Lo habrán hecho para evitar un impacto en la población que dañara aún más las probabilidades de victoria de Scioli, a riesgo de que la autoridad monetaria, es decir, el interés de todos, perdiera.

La salida del cepo en diciembre de 2015 provocó un daño en la población porque hubo devaluación y empobreció a los argentinos, aunque también sinceró los costos de la economía. Si Macri no hubiera habido depreciado, los que apostaron al dólar futuro en 2015 no hubieran ganado y el Central no hubiese perdido, pero quizá resultaba imposible el salto del dólar. También Kicillof había devaluado, aunque no tanto, en 2014. Después, Macri, a fuerza de endeudamiento externo, atrasó otra vez el tipo de cambio, no al extremo de octubre de 2015, pero sí como a principios de ese año. En 2018 los especuladores del extranjero perdieron rápido la confianza en el experimento cambiemita y Sturzenegger recurrió al dólar futuro para calmar unas expectativas de devaluación que se lo llevaron puesto. Ahora el tipo de cambio está mucho más alto que en 2015 y 2016, aunque un poco por debajo de los meses en que saltó en 2018 y 2019. Puede considerarse que sostener un peso artificialmente alto es un error económico, de impacto, pero de ahí a llevarlo a los tribunales parece otra cuestión.

Kicillof acusó a Cambiemos de denunciarlos por vender dólar barato a sus amigos, cuando los que compraron fueron los macristas y cuando lo primero que hizo Macri al llegar poder fue devaluar y convertirles en negoción los contratos futuros que los K les dieron. Los que apostaron al dólar futuro sabían que iban a ganar y mucho. En el mercado nadie se sorprendió con el previsible salto de la divisa ante la victoria de Cambiemos y la liberación del cepo.

El gobernador y ex ministro citó el peritaje de la Corte que indicó que, como los contratos de dólar futuro son en pesos, no se comprometieron las reservas del Central. "Son operatorias con fines regulatorios, a veces se gana y a veces se pierde", explicó Kicillof lo que hizo el Central de Vanoli. Y lo que después hizo el de Stuzenegger. El Central cambiemita calculó en 2016 que por las operaciones del dólar futuro de 2015 perdió $ 53.700 millones. En septiembre de 2018, a pedido de Vanoli, el Central que entonces dirigía Luis Caputo cuantificó que en mayo y junio, cuando estaba Sturzenegger, perdió por el mismo mecanismo $ 11.700 millones.

Kicillof recordó que lo acusaron de sellar contratos de dólar futuro a un precio menor al de mercado porque el juez Claudio Bonadio tomó como referencia al contado con liquidación y al blue, la cotización ilegal. El ex ministro sostuvo que esas comparaciones resultaban una "burrada" y que en todos los países y con Macri también los bancos centrales recurren a estas operaciones. Señaló que, si bien Vanoli amplió los límites que la autoridad monetaria tenía para intervenir en esos contratos, antes lo habían hecho también antecesores suyos, como Martín Redrado, que en 2016 había testimoniado contra Cristina Kirchner en la causa, y Mercedes Marcó del Pont.

El gobernador explicó que la mesa del Central hace estas operaciones "con pantalla ciega", es decir, desconoce quiénes compran. Es decir, Vanoli no sabía quiénes se iban a enriquecer. "Si se generó pérdida, los candidatos, incluido Macri, decían que no iba a devaluar, pero Macri devaluó y ganaron sus amigos y su compañía, Socma, e hicieron un desastre, perdió el pueblo argentino", alegó Kicillof. Recordó que su sucesor en el Palacio de Hacienda, Alfonso Prat-Gay, decía en campaña que la liberación del cepo no traería inflación porque supuestamente los precios estaban acomodados al blue, pero no fue así. También señaló que si hubiese sido delito lo que hizo el Central de Vanoli, Bonadio no hubiese autorizado a Sturzenegger a pagar los contratos de dólar futuro en 2016.

A futuro, lo que puede evitar pérdidas al pueblo argentino será que los gobiernos dejen de sostener tipos de cambio insostenibles que deriven en devaluaciones empobrecedoras y procuren que el peso vaya ganando fuerza sobre bases sólidas que deshagan la insoportable historia repetida de subas y bajones.

AR

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