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El salto del dólar blue y el acuerdo con el FMI agregan presión inflacionaria, pero sin el pacto podría ser mayor

El incremento del tipo de cambio paralelo y el convenio con el FMI agregarán algo de presión inflacionaria en julio y agosto.

Alejandro Rebossio

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El dólar blue estaba tranquilo hace menos de un mes: cotizaba a $491 el 6 de julio. Pero con el correr de los días comenzó a escalar hasta batir el récord de $553 el 27, un día antes de que el Fondo Monetario Internacional (FMI) anunciara el acuerdo que desde el Ministerio de Economía venían anticipando desde principios de junio. La incertidumbre sobre si se llegaba o no a un pacto con el FMI y la habitual corrida cambiaria preelectoral impulsaron la demanda de moneda norteamericana.

A su vez, el incremento del tipo de cambio paralelo y el convenio mismo con el Fondo -que impulsó una devaluación encubierta a través de mayores impuestos a las importaciones- agregarán algo de presión inflacionaria en julio y agosto, según la mayoría de los expertos. Sin embargo, algunos como Alfredo García, del banco Credicoop, disiente con la tesitura de que el acuerdo aliente un alza de precios sino que considera que lo tranquilizará. Al menos el ministro-candidato Sergio Massa podrá aducir que, sin el pacto, el dólar blue se hubiese disparado más y recalentado en mayor medida el índice de precios al consumidor (IPC). Es decir, el convenio implica dolor, no sólo por encarecer compras externas sino también porque abarca ajustes en salarios de empleados públicos, tarifas de servicios, gasto social y giros a provincias y empresas estatales, justo en la campaña electoral. Pero sin él podría ser peor.

Tras el acuerdo, el blue bajó este lunes a $550, pero difícilmente vaya a caer demasiado más. El programa con el FMI, a su vez, puede deteriorar la actividad económica y alentar la inflación, siempre y cuando se cumpla, aspecto que algunos analistas ponen en duda. El organismo donde Estados Unidos tiene poder de veto advirtió en su comunicado del viernes pasado que si bien la histórica sequía impactó en las exportaciones y la recaudación tributaria, también hubo “desvíos y retrasos” de la gestión del ministro de Economía, “que han contribuido a una fuerte demanda interna y una balanza comercial más débil”. Por eso, según el Fondo, se incumplieron las metas de ajustes fiscal y monetario y de acumulación de reservas en el primer semestre del año. Frente a eso, su staff técnico impuso las siguientes medidas, algunas contractivas e inflacionarias:

  • “Se han tomado medidas para alentar la liquidación de exportaciones (léase, el nuevo dólar agro) y contener las importaciones (con una mayor alícuota del impuesto PAÍS) en el corto plazo.”
  • “La tasa de crawl (depreciación diaria a la par de la inflación) continuará utilizándose para preservar la competitividad y respaldar los objetivos de acumulación de reservas (porque alienta las ventas externas).”
  • “Las autoridades continuarán asegurando que las tasas de política monetaria se mantengan suficientemente positivas en términos reales (o sea, por encima del IPC).”
  • “Siguen siendo necesarios esfuerzos para contener el crecimiento de la masa salarial (léase, moderar aumentos del sueldo de los empleados públicos, así como evitar nuevas incorporaciones a la planta estatal), actualizar las tarifas de energía para reflejar mejor los cambios en los costos de producción, mejorando al mismo tiempo la progresividad del sistema (o sea, nuevos incrementos adicionales a los de la primera mitad del año, que quitaron todos los subsidios al 35% de mayores ingresos, pero apenas los recortó al 35% de clase media) y fortalecer los controles de gasto a través de una asistencia social mejor focalizada y una mayor racionalización de las transferencias corrientes a las provincias y empresas estatales”.
  • Sólo se habla de “proteger los programas sociales y de infraestructura prioritarios”, pero la meta de déficit fiscal primario (antes del pago de la deuda) sigue en 1,9% del PBI, como había pactado en 2022 el entonces ministro de Economía, Martín Guzmán. Al FMI no le importa que haya sequía, habrá que compensarla con otros ingresos, por ejemplo, del tributo PAÍS, y nuevos recortes del gasto.
  • “La senda fiscal acordada no supone una dependencia adicional del financiamiento monetario directo del déficit fiscal”, es decir, no más maquinita de imprimir billetes para subsanar el rojo de las cuentas públicas, a diferencia de lo que se vino haciendo en los primeros siete meses del año.
  • Sí se rebajó la meta anual de acumulación de reservas de US$8.000 millones a US$1.000 millones, aunque eso igualmente implicará un esfuerzo de ahora en más porque habrá que juntar US$6.000 millones, “algo de muy difícil concreción, que implica una devaluación, una fuerte restricción de la actividad y las importaciones”, evalúa el economista Andrés Asiain, del Centro de Estudios Scalabrini Ortiz (CESO).

Pero Massa consiguió que, a excepción del alza del impuesto PAÍS y la reinstalación del dólar agro, el grueso de las medidas quedarán para después de las elecciones primarias abiertas simultáneas y obligatorias (PASO) en las que se definirá su candidatura presidencial, el 13 de agosto. “Dados los desafíos económicos, las autoridades acordaron aplicar firmemente el paquete de políticas en las próximas semanas y meses”, reza el comunicado del Fondo del viernes. Recién después de las primarias también llegará el giro del FMI para compensar en parte los pagos que se hicieron en junio y ayer.

Massa consiguió que, a excepción del alza del impuesto PAÍS y la reinstalación del dólar agro, el grueso de las medidas exigidas por el FMI quedaran para después de las PASO

Hernán del Villar, de la consultora Alpha, opina que el alza del blue “agrega algo más de inflación”. Calcula que el IPC de julio, que se anunciará el 15 de agosto, dos días después de las PASO, esté “un poco por abajo del 7%”, después del 6% que el oficialismo celebró en privado en junio. En tanto, el acuerdo con el FMI -que cinco días antes de anunciarse implicó el dólar agro y la suba del PAÍS- aportará 0,4 puntos porcentuales a la inflación de julio y otros 1,6 puntos a la de agosto por la “suba de tipo de cambio de importaciones adicional al crawling”, según Del Villar. El IPC de agosto se acercará al 8%, según este economista. “El acuerdo con FMI da cierta calma hasta la primera vuelta porque el Gobierno tiene el incentivo de cumplir y no tomar ninguna medida drástica”, se refiere Del Villar a los comicios generales del 22 de octubre. Sin embargo, advierte que “el blue dependerá mucho con lo que pase en las PASO”.

En un banco privado nacional, un analista coincide en que el pacto con el FMI “le da tiempo al Gobierno”: “Cualquier medida que se tuviese que tomar queda para después de las PASO”. En cuanto a la inflación, “seguramente añada presión”. También el reciente salto del blue impactará algo en julio, pero “seguro” en agosto porque siempre influye con rezago en los precios, según el informante bancario. Prevé un IPC en torno al 7% en julio y al 8% en agosto.

El consultor Hernán Hirsch concuerda con que el aumento del blue tendrá un impacto “muy escaso” en julio, pero sí influirá en agosto, al igual que el acuerdo con el Fondo. Por eso predice que el IPC será del 6,5% el mes pasado y cerca del 8% en el entrante. “El del FMI es un comunicado para transitar estas dos semanas hasta las PASO”, opina Hernán Lacunza, principal asesor económico de Horacio Rodríguez Larreta y socio de la consultora Empiria. “Los desembolsos dependerán de las medidas que aún no conocemos”, añade.

Pedro Gaite, de la Fundación de Investigaciones para el Desarrollo (FIDE), observa que “a priori es una buena noticia que se haya llegado a un acuerdo”. “Era necesario para hacer frente a los vencimientos de deuda de estos meses. Genera un puente hasta las elecciones e incluso hasta fin de año. La alternativa era más incertidumbre, mayores tensiones cambiarias, con todo lo que eso implica en materia de inflación y actividad. Pero también hay que marcar la inflexibilidad del Fondo en cuanto a lo que se demoró en llegar al acuerdo. En los primeros siete meses del año, le pagamos al FMI más de 15.000 millones de dólares, contra desembolsos por poco más de 5.000 millones. Entonces buena parte del problema de reservas de la Argentina en 2023 tiene que ver no sólo con la peor sequía de la historia sino con el FMI, que agravó ese problema. Es esperable que lleguen fondos para los vencimientos que pasaron y los de septiembre y diciembre. Eso amortiguará el efecto de la sequía y el impacto que tienen las elecciones en términos de dolarización. Pero el Fondo sigue inflexible en cuanto a cómo se resuelven los problemas de restricción externa: por eso se alargaron las negociaciones, porque pide devaluación y ajuste. La Argentina se plantó en que eso agravaría los problemas sociales y por eso la devaluación fiscal (suba del impuesto a las importaciones) es un punto intermedio para favorecer el frente externo (evita la salida de reservas) y el fiscal (por la recaudación). Pero el Fondo sigue pidiendo una meta del 1,9% y para alcanzarla habrá que ajustar todavía más el gasto, lo que impacta en la actividad”, completa Gaite.

García, del Credicoop, se diferencia de sus colegas en el sentido de que relativiza el impacto inflacionario del salto del blue y del acuerdo con el FMI. “Respecto del dólar ilegal, si uno mira la paridad con el legal, esta en 100%, cuando en abril estuvo en 125% y en mayo, por encima del 100%. Ahora está dentro de una paridad en la que estuvo mucho tiempo, está recuperando su valor respecto de la inflación. Además, el ilegal es un mercado pequeño, pero genera algún impacto en las expectativas inflacionarias”, admite García. “¿Pero cuánto se puede sostener el dólar ilegal muy lejos del dólar MEP?”, alude el economista al dólar financiero que cotiza a $509. En cambio, opina que el pacto con el Fondo contribuirá a la lucha contra la suba de precios: “El acuerdo da certeza de que lleguen 7.500 millones de dólares del FMI, se mantiene la meta fiscal, se ratificó el crawling peg -es decir, no habrá una devaluación brusca-, permite al Banco Central intervenir en el dólar financiero. Va a tener un impacto positivo en la inflación, la mantendrá en los niveles de junio, pero la inflación es multicausal”, continúa el economista del banco que preside el diputado oficialista Carlos Heller. A su vez, subestima el efecto inflacionario del aumento del PAÍS: “Hay que recordar que si la importación se paga con divisas propias, no se paga el PAÍS y sabemos las tenencias que hay entre los argentinos. Además, se exceptúan del impuesto bienes como alimentos y aquellos insumos para producir exportaciones, como los autos, y se baja el gravamen de los fletes”.

Por el contrario, Asiain, del CESO, advierte sobre efectos negativos del programa con el Fondo. “Mantener la meta fiscal del 1,9% implica una política fiscal muy restrictiva, algo novedoso para un contexto electoral. La devaluación impositiva (suba del PAÍS y dólar agro) puede facilitar el objetivo mejorando la recaudación, pero estimamos que no alcanza y por eso el Fondo impone una suba de tarifas, planchar los salarios públicos y revisar la política social, ajustar los planes sociales. Se habla de aumentar el dólar oficial a la par de la inflación. Entre esto, la devaluación fiscal y las tarifas, es esperable una aceleración de la inflación, lo que tampoco es una buena noticia para el oficialismo. Lo más destacado del acuerdo es que frena todos los desembolsos hasta después de las PASO. Esto compromete el nivel ajustado de reservas y es un claro posicionamiento político porque el Fondo quiere ver los resultados de las PASO para saber cómo negocia con el oficialismo. Es un acuerdo contractivo, con una tendencia redistributiva desigual e inflacionario”, considera Asiain, que alerta sobre su efecto político negativo para el peronismo y sobre el monitoreo permanente, ya no trimestral, del FMI sobre las cuentas argentinas.

AR/DTC

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