Los coletazos del caso Spagnuolo en la elección bonaerense: el peronismo festeja, pero se acorrala en su propia interna

La primera reacción fue la euforia. Los audios de Diego Spagnuolo cayeron sobre el peronismo como una lluvia milagrosa: enfrentados y erráticos, la dirigencia de Fuerza Patria encontró su eje de campaña en la recta final de la elección bonaerense. “Nos dejaron el arco vacío, es solo cuestión de pegarle a la pelota”, graficaba, exultante, un dirigente del riñón de Axel Kicillof, quien se juega todo su capital político en la elección del 7 de septiembre.
Pero el entusiasmo duró poco. A los pocos días apareció el video de Máximo Kirchner cuestionando a Kicillof por discriminar a Quilmes, que conduce la camporista Mayra Mendoza, en el reparto de los fondos. El acto era de hace una semana, pero implosionaba justo en el momento de mayor vulnerabilidad del gobierno de Javier Milei. En La Cámpora buscaron quitarle importancia, reduciéndolo a una discusión menor que no saltaba la cerca del pago chico. Por lo bajo, sin embargo, nadie dudaba de la intencionalidad del líder de La Cámpora
“Máximo no improvisa nada, sabía lo que decía. Eso en una campaña no se hace, pero esto no es una campaña, es una comparsa a contramano”, admite un dirigente bonaerense que encabezó, hace un mes, el operativo clamor para que Máximo encabezara la lista de diputados nacionales.
Detrás de la pax armada que kicillofistas y cristinistas cerraron tras el cierre de listas bonaerenses, la interna peronista muestra la cola. Invisible, la tensión viene acumulándose en las últimas semanas. Cada tribu hace planes para 2027 y la unidad, advierten los más belicosos de todos los sectores, es una fantasía que tiene fecha de vencimiento. Después del 26 de octubre, cuando sean las elecciones nacionales, el tablero del peronismo amenaza con romperse radicalmente.
El día después
El día del cierre de listas nacionales, Cristina Fernández de Kirchner envió un mensaje: por más que estuviera encerrada con prisión domiciliaria, el control de la lapicera en Ciudad y Provincia de Buenos Aires continuaba siendo de ella. La ex presidenta se aseguró la mayoría de los lugares en las listas y empoderó a Juan Grabois para esmerilar, aunque fuera de manera secundaria, el liderazgo de Kicillof. Con su liderazgo excluyente puesto en duda, CFK apostaba a diluir los liderazgos secundarios y posicionarse, así, como una primus inter pares.

CFK no tiene aún un candidato para 2027, pero, al igual que Sergio Massa, considera que es una discusión para dar en la recta final. Fue uno de los motivos por los cuales, argumentan, ninguno quiso ser candidato en 2025. Ni Massa ni Máximo. “El error conceptual de Axel es haber creído que en 2025 se tenía que definir 2027. Si se hubiera quedado quietito hubiera sido el candidato natural, pero se peleó con muchos”, analiza un referente del cristinismo.
En el kicillofismo, en cambio, sostienen lo contrario. “No fueron candidatos porque no quería perder. Y hoy están jugando a perder”, masculla, irritado, un funcionario bonaerense. Para los dirigentes que integran el Movimiento Derecho al Futuro (MDF), los movimientos de CFK tienen solo una lectura posible: opacar el liderazgo de Kicillof. La presidencia del PJ, la resistencia a desdoblar, la candidatura de Mayra Mendoza, las declaraciones de Máximo: todas constituyen una amenaza.
Hasta ahora, la decisión de las tres tribus fue la de sostener la unidad para evitar una derrota. Pero el día después de la elección se abre un escenario incierto.
Por un lado, Kicillof tiene planes de reorganizar el Gabinete. El cierre de listas nacionales dejó furiosos a los intendentes, que se quedaron sin un solo lugar en las listas. Y es que Kicillof, en vez de pedir por ellos, terminó priorizando pujar por dos dirigentes sindicales: Hugo Yasky (CTA) y “Huguito” Moyano, el hijo menor del líder camionero. En el kicillofismo advierten que, tras las elecciones, el gobernador tendrá que sumarlos al dispositivo gubernamental si no quiere perderlos.

Algunos, incluso, presionan para que sea después del 7 de septiembre. “Si Axel después de la elección bonaerense no ratifica su liderazgo se acaba el axelismo”, advierte un referente bonaerense del riñón del MDF. No es el único: la mayoría de los intendentes presionan hace tiempo para que Kicillof profundice sus diferencias con La Cámpora, acusándolo de quedar siempre a mitad de camino. El gobernador, sin embargo, se ha negado: insiste en que no será él quien rompa la unidad.
Por otro lado, el cristinismo está buscando acumular poder de cara a 2027. Tanto en la Provincia como a nivel nacional. En PBA, Mayra será la interventora de CFK en la Legislatura bonaerense. Es una de sus principales candidatas para competir por la Gobernación dentro de dos años y tendrá un rol protagónico de aquí hasta entonces.

En el Congreso nacional, mientras tanto, comenzaron a crecer los rumores de que Máximo irá por la jefatura del bloque en Diputados. CFK tiene un interés creciente en el Congreso, que considera que será el principal ámbito de resistencia frente a Milei, y busca profundizar la presencia de los propios. Una cosa es segura: si Máximo vuelve a la jefatura, el bloque se romperá, como mínimo, en dos partes. Los kicillofistas advierten que se irán por su cuenta y prometen llevarse a varios representantes de gobernadores peronistas con ellos. Muchos de ellos integran, hace tiempo, un grupo de WhatsApp que se llama “Federales”, en donde Victoria Tolosa Paz tiene protagonismo.
“El día después de la elección va a haber que blanquear estas diferencias. No nos podemos hacer más los boludos”, señala un dirigente del MDF.
El camino de Kicillof
Javier Milei y Kicillof son los dos dirigentes que más se juegan su futuro político en la elección bonaerense. Milei prometió ponerle “el último clavo al ataúd del kirchnerismo” y se enfrenta, tras el escándalo del caso Spagnuolo, con un escenario de posible derrota. Intentó armar una caravana en Lomas de Zamora y no pudo ni llegar a la plaza principal: los empujones y piedrazos de un grupo de vecinos que estaban en la zona lo obligaron a suspender el recorrido. La imagen de José Luis Espert huyendo en una moto se convirtió, como el 3% de Karina Milei, en lo peor que le puede pasar a un candidato en campaña: un meme.
En La Plata interpretan que el acto de violencia –que La Libertad Avanza busca achacarle al kirchnerismo– representa un reflejo de la crisis acuciante que empieza a extenderse por el territorio bonaerense. La recesión, los despidos, el ajuste a los jubilados y las pensiones de discapacidad: los datos de la economía real se superponen a la investigación por posibles coimas de la hermana presidencial. Y las encuestas empiezan a reflejarlo.

En la última semana, los sondeos que llegan a La Plata empiezan a mostrar un crecimiento del peronismo. En la Primera, Fuerza Patria pasó de estar ocho puntos debajo de LLA a estar a solo dos. En la Tercera, los números muestran que el peronismo supera a LLA por casi 10 puntos. El escenario es de virtual empate, pero en la Gobernación prefieren moverse con cautela: “Milei está bien parado en la Provincia, estamos peleando con un Gobierno que goza de buena salud. Si a nosotros nos hubiera pasado una parte de lo que le pasó a él, nos hubiera volteado. Pero a él no”, advierte una funcionaria que integra la primera línea del MDF.
En los últimos 20 días, Kicillof recorrió unos 45 municipios. Esto es un promedio de dos o tres ciudades por día que se replicará hasta que termine la campaña y comience la veda electoral. No habrá gran acto de cierre de campaña, sino que el mismo frenesí de recorridas del último mes: el gobernador se echó la campaña al hombro y pretende finalizarla como la comenzó.

El lunes viajará a Florencio Varela, el martes a San Martín y el jueves encabezará un sprint final que incluirá un recorrido por La Plata y un municipio de la Tercera y de la Primera. Todas las decisiones que tomó en el último año –desdoblar la elección, enfrentarse con CFK, conformar su propio espacio político– se pondrán a prueba este 7 de septiembre. Si gana, Kicillof tendrá el espaldarazo de las urnas para posicionarse de cara a 2025.
Si pierde, el cristinismo le hará saber su descontento.
MC/MG
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