Por problemas en un cielorraso un represor sigue sin condena

Los Pedernera en su casa de Sañogasta, en La Rioja. Wenceslao se convirtió en un referente de los trabajadores viñateros.

El crimen del beato Wenceslao Pedernera, ocurrido durante la madrugada el 25 de julio de 1976 en La Rioja, corre el riesgo de engrosar la lista de asesinatos que se cometieron durante la última dictadura cívico militar y que pese a las pruebas no se resolvieron por impunidad biológica. Esto es, por la demoras, los principales acusados mueren antes de que se sustancien los juicios o finalicen. Por lo tanto, no hay condena.

Lesa humanidad: la impunidad biológica llega con la muerte de los genocidas pero también con la de sus víctimas

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“Soy testigo de todo lo que pasó esa noche con mi padre porque soy la mayor de tres hermanas. Tenía 13 años. Esos recuerdos aún están muy presentes, son fuertes, como si todo hubiera sucedido ayer”, cuenta a elDiarioAR María Rosa Pedernera, hija del militante cristiano, durante una charla por teléfono desde Sañogasta -cerca de Chilecito, en el oeste riojano- en donde se encuentra por estos días cuidando a su madre, Marta “Coca” Cornejo, que tiene 82 años y sufre algunos problemas en su estado de salud. 

Esa madrugada, alrededor de las 3, en dos autos llegaron hombres a la casa de los Pedernera, golpearon con fuerza la puerta y a los gritos exigían que les abrieran. Todos despertaron asustados. Pese a los ruegos de “Coca” de que no lo hiciera, como si eso hubiera podido evitar el horrible desenlace, Wenceslao sacó la llave, abrió y sin mediar advertencia, una lluvia de balas impactó en su cuerpo y cayó. En medio de la oscuridad, los hombres huyeron.

Pedernera quedó tendido frente a la casa, aún con vida. “Coca” pidió ayuda a una vecina, cuyo esposo era médico. Cargaron al herido en una camioneta y no pararon hasta llegar al hospital de Chilecito. En ese vehículo iban también María Rosa y sus hermanas Susana y Estela. Todos ingresaron a la guardia, en donde los recibió una enfermera, quien pidió que las niñas esperaran en un pasillo. “Recuerdo que nos abrazamos y llorábamos, mientras veíamos la habitación en donde estaban mi papá, mi mamá y una enfermera que le cortaba el pijama para desvestirlo. No entendíamos nada”, relató María Rosa. La escena ya de por sí desesperante se interrumpió cuando entraron corriendo hombres vestidos de verde que les ordenaron, mientras las apuntaban en el estómago, que se dirigieran hacia otro cuarto del hospital, en donde las encerraron a las cuatro. 

La mayor de las Pedernera recuerda que toda la noche escucharon los gemidos de dolor y pedidos de ayuda de su padre hasta que hubo silencio. Se comprobaría más tarde que sólo pusieron gasas en los impactos de las balas y que dejaron que se desangrara.

La mayor de las Pedernera recuerda que toda la noche escucharon los gemidos de dolor y pedidos de ayuda de su padre hasta que hubo silencio. Durante la mañana, una enfermera entró a la habitación y les comunicó que “Wence” -como conocían al militante cristiano en la zona- había fallecido. Se comprobaría más tarde que sólo pusieron gasas en los impactos de las balas y que dejaron que se desangrara. Por eso, la mayor de sus hijas tampoco olvida el charco de sangre que había debajo de la camilla en donde estaba su papá. Un día más tarde, el 27 de julio, recién fueron llevadas a la morgue para que vieran el cuerpo. Tenía 39 años. Después, sometieron a “Coca” a un brutal interrogatorio, en donde le pedían datos sobre los curas tercermundistas. 

Ese mismo día las liberaron para que asistieran al sepelio que se realizó en el cementerio de Sañogasta, a cajón cerrado y sólo por dos horas. Recién en 2018 pudieron exhumar el cuerpo para la realización de las pruebas de ADN porque temían que los restos no pertenecieran a Wenceslao. El resultado dio 99% de coincidencia, era su padre. “Recién ahí pude ver sus huesitos y el daño que le habían provocado los impactos de las balas”, relata María Rosa. Del otro lado del teléfono se hace un silencio de segundos que parece interminable y agrega: “vivimos con mucha bronca este momento, una vez más -por tercera vez- se retrasa el inicio del juicio oral y público. Sentimos que es un manoseo y nos queda la sensación de que alguien no quiere que se llegue a la verdad, como si se estuvieran protegiendo intereses”.

Problemas de cielorraso

Sus palabras hacen referencia a que por cuestiones edilicias, problemas en el cielorraso de la sala del Tribunal Oral Federal, y pese que hace siete meses se realizó la audiencia preliminar, se demora el inicio del juicio contra Eduardo Abelardo Britos, de 70 años, el único imputado por el asesinato de Pedernera, hasta el momento. Estaba previsto que arranque el 18 de agosto. Durante años el acusado estuvo en Paraguay y recién en 2020 fue extraditado por la Cancillería Argentina, por esta y otras causas vinculadas a crímenes de lesa humanidad. Pese a que el requerimiento llevaba casi una década, la gestión se paralizó entre 2015 y 2019, de acuerdo a la documentación del expediente. En 1976, Britos formaba parte de cuerpo de Gendarmería Nacional que estaba en Chilecito y está acusado de “actuar directamente en detenciones e interrogatorios en la violación a los Derechos Humanos y en las tareas propias de inteligencia que tenían como fin determinar como 'blancos', es decir, a las personas que el sistema represivo debía eliminar”. Por lo tanto, según la causa, Pedernera fue uno de sus “blancos”.  

Cuando todo parecía que se encaminaba hacia el juicio, los jueces federales Camilo Quiroga Uriburu, Jorge Gamal Abdel Chamía y Mario Martínez decidieron la postergación por los inconvenientes en la sala. En septiembre, ante de la demora en la reparación del deterioro, los abogados de la querella Mirta Sánchez y Ramiro Fresneda, elevaron al TOF un pedido para que se le dé celeridad al avance del juicio, “toda vez que el letargo procesal prolongado implica un serio riesgo de 'impunidad biológica'. En efecto, el paso del tiempo y la dilatación en este tipo de causas conlleva el fallecimiento de las víctimas, testigos y familiares, impidiendo el acceso a la Justicia y a la justa reparación, como así también de los responsables de los crímenes contra la humanidad”, señala el escrito, aún sin respuesta.

Según Fresneda, el pedido se debe a que la viuda del beato atraviesa por un delicado estado de salud y su testimonio es clave porque es testigo directo de cuando acribillaron a su compañero de vida. También está con problemas en su salud Gervasio Mecca, que tiene conocimiento de la persecución en contra de los curas tercermundistas y laicos comprometidos de la región. Y a esto se sumó la muerte de Nedy Antonia Aguilera, que podría haber aportado más datos a la causa porque era la persona que acompañó a “Coca” y a sus hijas hasta el hospital de Chilecito. Su testimonio está en el expediente pero podría haber aportado nuevos elementos. 

En diálogo con elDiarioAR, Fresneda reflexionó: “los familiares de las víctimas del Terrorismo de Estado siempre confiaron en la Justicia pero esta debe estar a la altura de las circunstancias, dándole mayor celeridad a estos históricos procesos y culminar con los mismos a la mayor brevedad. La demora en el inicio del juicio oral y público provoca una evidente afectación al derecho de las víctimas y de la sociedad en obtener un pronunciamiento judicial dentro de un plazo razonable”.

Este medio consultó al Secretario de Derechos Humanos de La Rioja, Delfor Brizuela, sobre la demora en el juicio. “La audiencia preliminar fue abril, se estableció el orden de las audiencias y el Tribunal se comprometió a que el edificio iba a estar en condiciones en agosto, pero no se cumplió. Está todo paralizado. Hubo un pedido de relocalización del lugar del debate, como se hizo en otras provincias para buscar espacios más cómodos, pero se rechazó. Existen los buenos oficios de la Justicia Provincial para garantizar espacios propios hasta que se subsanen los problemas de la sala del TOF, que también se desestimaron. Para colmo, la obra va muy lenta”, expresó. Para el funcionario, no está claro si hay falta de disposición al avance de la causa o se trata de falta de fondos, que debe garantizar el Consejo de la Magistratura.

La Ruta de los Mártires

En agosto de 2020, la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación se incorporó como querellante en la causa que tiene como imputado a Britos por el asesinato de Pedernera, con el objetivo de que el Estado recupere un rol activo en el impulso de las políticas de Memoria, Verdad y Justicia. Un año más tarde, la misma Secretaría señalizó como Sitio de la Memoria el hospital de Chilecito en donde murió Wenceslao. Esta actividad forma parte de lo que se conoce en La Rioja como “La  Ruta de los Mártires”, que son los mojones que se instalaron para recordar los crímenes de lesa humanidad en contra de Pedernera, monseñor Enrique Angelelli y los curas Gabriel Longeville y Carlos de Dios Murias, durante el terrorismo de la última dictadura cívico militar. Aún con este contexto, la causa en contra de Britos registró un escaso avance.

Para darle visibilidad a la demora, el Obispado de La Rioja pidió que se inicie a la brevedad el juicio. En septiembre, con la firma de organismos de Derechos Humanos, entre ellos, la Secretaría de DDHH de La Rioja, se publicó en medios riojanos una “Carta Abierta a los Señores Jueces del TOF”, en donde se esgrimen varios argumentos para que se impulse el juicio. “Es imprescindible que se llegue a la verdad y que sea rápido, sino se corre el riesgo de que la causa entre vía muerta”, reflexionó ante elDiarioAR, Albino Soria, referente de Presos y Presas Políticas.

A mediados de octubre se produjo una novedad en la causa que podría ralentizar mucho más los tiempos. El juez federal Chamia se inhibió porque una de las víctimas del imputado fue su suegro durante 28 años. Por esta razón, deberá buscarse un reemplazo, lo que provocaría una nueva demora, aun cuando se resuelva en el corto plazo el problema edilicio de la sala en donde debería concretarse el juicio oral y público.

¿Quién era Wenceslao Pedernera?

En abril de 2019 fueron beatificados en una misa multitudinaria al aire libre en la capital riojana, monseñor Enrique Angelelli, los curas Carlos de Dios Murias y Gabriel Longueville, y el laico Wenceslao Pedernera. Ese mismo día, en su Homilía en la Plaza de San Pedro, el Papa Francisco sostuvo que “fueron mártires de la fe perseguidos por la causa de la justicia y la caridad evangélica. Son modelos para quienes trabajan por una sociedad más justa y solidaria”.

Wenceslao nació en San Luis, apenas pudo terminar la primaria porque de joven comenzó a trabajar en viñas de la zona, oficio que lo llevó hasta Mendoza, en donde conoció a “Coca” y se casaron. Fue ella la que lo acercó a la Iglesia Católica. En poco tiempo se convirtió en dirigente gremial viñatero y fue en ese período en donde hizo sus primeros contactos con el el Movimiento Rural de Acción Católica (MRAC) que había fundado Angelelli. En 1972 el matrimonio viaja a La Rioja para unas jornadas de formación y tiempo después deciden dejar Mendoza para instalarse en tierras riojanas, con el objetivo de sumarse al equipo del obispo, que ya era mirado con recelo por el Episcopado Argentino, y colaborar con la creación de cooperativas de trabajadores que les permitieran independizarse de los patrones rurales de entonces que sometían a sus empleados a condiciones de casi esclavitud. La vida del matrimonio transcurre entre las tareas rurales y las clases de catequesis.

En el convulsionado 1975 las actividades se deben interrumpir porque aparecen las primeras amenazas de la Triple A a Angelelli y sus colaboradores más cercanos. El obispo les sugiere bajar el perfil y fue así que Pedernera decide trasladarse de la capital riojana hasta Sañogasta. Allí, Wenceslao retoma su idea de formar una cooperativa rural con trabajadores, lo que le cuesta la enemistad de poderosos de entonces, como los Brizuela y Doria y los Menem, pese al discurso populista del joven Carlos Saúl. En 1976 recibe amenazas hasta la trágica noche del 25 de julio, en la que es acribillado en la puerta de su casa, adelante de “Coca” y de sus tres hijas.  

DC/MG

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