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Tregua libertaria

Santiago Caputo resiste sin dialogar con Karina y conserva influencia en resortes clave del Estado

El asesor y Karina Milei, cabizbajos, en el búnker de la derrota en la provinciales bonaerenses.

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Santiago Caputo llegó al 2026 en una posición distinta a la que muchos anticipaban pocos meses atrás. Sigue sin diálogo con Karina Milei, sin control del armado político y sin protagonismo en la rosca parlamentaria, pero también sin haber perdido las palancas centrales de poder que construyó desde el inicio del gobierno de La Libertad Acanza. Su resistencia no fue épica ni expansiva: fue silenciosa, defensiva y eficaz. En un oficialismo donde los desplazamientos suelen ser abruptos, Caputo sobrevivió.

Ese dato no puede leerse sin otro, acaso más determinante: la confianza y devoción intelectual que Javier Milei todavía le tiene a su asesor sin firma. Más allá de la interna, de los reproches cruzados y del avance del karinismo sobre áreas clave del Estado, el Presidente nunca habilitó su desplazamiento. No lo expuso, no lo desautorizó y no convalidó una purga. En un gobierno personalista, ese respaldo, aunque sea tácito, sigue siendo una moneda decisiva.

Javier Milei y su asesor estrella Santiago Caputo.

En ese marco, el episodio del Banco Nación suele leerse de manera incompleta. La secuencia, que tuvo lugar en diciembre, comenzó con el ascenso de Andrés Vázquez en Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA), una muestra de que Santiago Caputo no solo conservaba poder, sino que estaba en condiciones de reafirmarlo en un organismo estratégico. Ese movimiento fue leído puertas adentro como un gesto de consolidación: en medio del asedio interno, el asesor lograba blindar una de sus piezas más sensibles.

Recién después se conoció la designación de Darío Wasserman en el Banco Nación, hasta entonces segundo en la entidad y hombre del círculo íntimo de la secretaria General de la Presidencia. Más que la salida de Daniel Tillard —que nunca fue plenamente del riñón de Caputo—, ese nombramiento terminó de cerrar el cuadro de una tregua negociada. La lectura puertas adentro fue clara: el asesor aseguraba control en áreas donde el poder es más estructural que político, mientras el karinismo avanzaba en un espacio visible y simbólico. No se trató de una concesión unilateral, sino de un reordenamiento tácito para descomprimir la interna sin escalar el conflicto.

Karina Milei y Santiago Caputo, al salir del Hotel Libertador, en 2023.

Aquel doble movimiento condensó el nuevo esquema de convivencia. Caputo aceptó el avance de Karina en el Banco Nación, pero blindó sus territorios más propios. En ARCA, lo que en noviembre aparecía como una zona en disputa terminó resolviéndose en sentido inverso: el organismo se reordenó bajo una lógica más centralizada, con un esquema técnico y vertical que responde directamente a su diseño.

El dato más fuerte de esa resistencia, sin embargo, está en otro plano. La permanencia del asesor presidencial en la órbita de la Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE) es hoy la señal política más contundente de su vigencia. En un gobierno que reconfiguró el sistema de inteligencia por decreto y convirtió ese terreno en una pieza central de su arquitectura de poder, sostener influencia allí equivale a concentrar lo más preciado: la información. El polémico DNU que reformó el organismo al filo del fin de año y la anterior desginación de Cristian Auguadra como su titular confirmaron que, aun sin protagonismo público, Caputo logró blindar un espacio históricamente sensible, opaco y decisivo.

Cristian Auguadra, titular de la SIDE.

Se trata de un control que no estuvo exento de disputa. Según reconstruyen fuentes del oficialismo, en noviembre, Karina Milei estuvo muy cerca de avanzar sobre la SIDE, con la intención de incorporar ese engranaje a su esquema de control político más directo, como hiciera con la Jefatura de Gabinete. Caputo, sin embargo, supo ganarle de mano: logró eyectar a Sergio Neiffert en el momento justo y encapsuló el organismo antes de que la avanzada se concretara. Fue una de las pocas batallas en las que no retrocedió.

Ese dato explica por qué, pese al acorralamiento interno, no hubo avances reales sobre su estructura. La SIDE no fue intervenida ni “normalizada”, como se insinuaba semanas atrás desde el karinismo. Al contrario: quedó protegida y alineada con el esquema que Caputo ayudó a diseñar. En términos de poder real, no hay señal más clara de supervivencia.

Santiago Caputo en la cena anual de la Fundación Libertad, en abril de 2024.

Pero si la SIDE es el dato político, la Salud es la caja. Es allí donde el caputismo conserva su principal volumen de negocios y de gestión, como viene contando elDiarioAR. En ese entramado, que se expande a lo largo de todo el conurbano bonaerense y que tiene al PAMI como principal pieza del engranaje, se explica buena parte de la capacidad de resistencia del asesor presidencial. No se trata solo de influencia estratégica o control institucional, sino de recursos, circuitos administrativos y márgenes de decisión que exceden la coyuntura de la interna.

Sin embargo, fortalecida por el resultado de las elecciones de octubre, Karina Milei activó una presión con un objetivo específico: que Move Group, la consultora en la que trabajó Caputo antes de desembarcar en la Casa Rosada, comience a desligarse de los contratos que la vinculan con distintas áreas del Estado. Según pudo saber este medio, el pedido, que no fue formulado de manera pública ni formal, apuntó a desarmar uno de los flancos más sensibles del caputismo: la recaudación.

La señal es doble. Por un lado, la hermana del Presidente busca reducir la exposición del Gobierno frente a eventuales cuestionamientos éticos o judiciales. Por otro, funciona como un mensaje interno: aun cuando Caputo sigue sentado en la mesa política que lanzó Milei en septiembre pasado, hay límites que el karinismo pretende marcar, especialmente en todo lo que huela a intermediación privada con el Estado. No es un desplazamiento directo, pero sí una forma de recorte quirúrgico.

La primera mesa política nacional de La Libertad Avanza, encabezada por el presidente Javier Milei. Hoy, de ella ya no forma parte Guillermo Francos.

Esa presión convive con la otra paradoja central. En el Congreso, con Martín Menem como vocero más visible, y en el entorno de Karina Milei, se insiste en relativizar el rol político de Caputo, en particular su interlocución con los gobernadores. El mensaje apunta a reducir su peso de cara al debate de las reformas que vienen, del mismo modo en que se subrayó su exclusión de la rosca final del Presupuesto 2026. Marzo asoma como el mes en que la interna puede volver a calentarse.

Así y todo, la diferencia con su situación de noviembre es que el asedio no avanzó. La “guerra fría” con el karinismo no se resolvió, pero tampoco derivó en un desplazamiento. Caputo no fue absorbido ni expulsado: quedó encapsulado. Y mientras Javier Milei siga confiando en él —aunque su hermana lo cerque—, su permanencia en la SIDE, su gravitación en la Salud y su supervivencia política seguirán siendo una pieza estructural del poder libertario, el mismo que hace rato dejó de ser un “triángulo de hierro”.

PL/MG

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