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Análisis

Separados al nacer, Sigman y Figueiras quedaron hermanados por la pandemia, el estrecho vínculo con el gobierno y los Pandora Papers

Sigman Figueiras

Diego Genoud

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Parecen condenados a transitar los mismos senderos. Con orígenes muy distintos, modos diferentes y apuestas diversas, Hugo Sigman y Marcelo Figueiras fueron separados al nacer. Uno se inició en la militancia y se topó muy joven con una fortuna incalculable; el otro arrancó de bien abajo y, según cuentan sus amigos, debutó en el sector privado como repartidor de verduras. El negocio farmacéutico, el poder y la peor pandemia global del último siglo los consagraron en la lista de los dueños de laboratorios que orbitan a su manera en torno al gobierno de los Fernández y se presentan siempre dispuestos a ayudar. Con casi 12 millones de documentos, los Pandora Papers volvieron a hallarlos juntos, mezclados en la distinguida lista de 130 multimillonarios de todo el planeta que operaron en paraísos fiscales durante las últimas décadas. Cada uno con su justificación, los nombres del dueño del Grupo Insud y el laboratorio Richmond titilan en la nómina que acaba de dar a conocer el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación y que Emilia Delfino publica en elDiarioAR

El psiquiatra casado con la heredera de un emporio, la científica Silvia Gold, y el emprendedor que es esposo de la ex senadora peronista María Laura Leguizamón son dos de los pesos pesados que conviven desde hace años dentro de la poderosa Cámara Industrial de Laboratorios Farmacéuticos Argentinos (CILFA). Mientras Figueiras aparece como vocal titular de la entidad, Sigman evita la exposición directa pero se garantiza su cuota parte a través de representantes como el gerente de Elea Phoenix Gustavo Pellizari -en recuperación después de haber sufrido un infarto en junio pasado- y su sobrino Agustín Gold, el hijo del influyente Luis Alberto Gold que oficia de revisor de cuentas de la cámara. Pellizari y el joven Gold forman parte del laboratorio en el que Sigman comparte acciones con los Sielecki, una familia de las que apostó fuerte por la ilusión que generaba Mauricio Macri. 

Apuntados por la oposición como hombres de negocios que son parte de la alianza de gobierno, Sigman y Figueiras son las cabezas visibles de una batalla sorda de CLIFA con el grupo de laboratorios extranjeros nucleados en la Cámara de Especialidades Medicinales (Caeme), cuyo capacidad de lobby respira a través de múltiples vías, en especial la de los voceros de la Embajada de los Estados Unidos y la Cámara de Comercio Argentino Estadounidense (Amcham). Quienes conocen el mercado afirman que en pocos lugares de América Latina existe una rivalidad tan potente. Por eso, también, son blanco de cuestionamientos.

El nombre del dueño de las editoriales Capital Intelectual y Siglo XXI trascendió las fronteras en agosto de 2020, cuando irrumpió como el socio local de la vacuna de Oxford/AstraZeneca que anunciaron Alberto Fernández y su ex ministro de Salud, Ginés González García. Presentada entonces como la puerta de salida por un gobierno abrumado por las malas noticias, el contrato preveía la entrega de 22,4 millones de dosis en el primer semestre de 2021. La asociación del empresario argentino con el laboratorio sueco, la universidad británica y la Fundación Carlos Slim fijaba como punto de partida la planta de 8700 metros cuadrados que la empresa biotecnológica de Sigman, mAbxience, tiene en la localidad de Garín. Allí se fabricaría el principio activo de la vacuna que después sería envasada en los Laboratorios Liomont de México.

Tomado por el entusiasmo, el gobierno prometió que las primeras dosis arribarían en marzo y el director de mAbxience, el biólogo Esteban Corley, fue todavía más audaz: llegó a afirmar que en “enero o febrero” estarían en Argentina. Sin embargo, el proceso de vacunación demoraría bastante más de lo que se había prometido tanto desde las esferas oficiales como desde el Grupo Insud debido a los problemas con el filtro microparticulado que se necesitaba para envasar el principio activo.

Durante ese proceso interminable para un país que veía crecer en forma acelerada el número de contagios y muertes -Argentina acaba de superar las 115 mil víctimas fatales-, el dueño de Richmond apareció como el mejor aliado del gobierno en el peor de los contextos. Figueiras anunció en febrero que fabricaría la Sputnik V en Argentina y dos meses después, cuando las críticas a Sigman se incrementaban como nunca, fue el propio Presidente el que le pidió estudiar la posibilidad de empezar a envasar el principio activo de la Sputnik V en el país. Asociado desde hace 25 años con el laboratorio indio Hetero, el empresario que hace más de una década se lanzó a la aventura de financiar un diario dirigido por Jorge Lanata volvió a ser el portador de una buena noticia. Otra vez en vuelo a Moscú y en contacto permanente con Carla Vizzotti y Cecilia Nicolini, contrató de urgencia al laboratorio tercerista MR Pharma para que envasara la vacuna en su planta de Tortuguitas. Las acciones de Richmond no pararon de subir. 

Según se informó el lunes pasado desde el gobierno nacional, Argentina lleva recibidas 72.005.425 dosis desde que comenzó el operativo de inmunización. De ese total, 15.695.600 corresponden a la vacuna fabricada en la planta de Sigman y  3.129.325 -1.179.625 del primer componente y 1.949.500 del segundo- a la Sputnik V que Figueiras envasa en la planta de MR Pharma desde julio pasado. La mayoría, sin embargo, pertenecen a la china Sinopharm, 30 millones de dosis, y a la Sputnik V elaborada por el Instituto Gamaleya, 14.183.210. 

Aunque a un lado y al otro se esfuerzan en negarlo, Sigman y Figueiras compiten hoy por la llegada al gobierno. Forman parte de un sector que figura desde hace tiempo en la liga de ganadores permanentes y obtuvo en los últimos años un protagonismo inédito. En 2019, los dos jugaron a fondo por el triunfo de los Fernández, aunque apostaron a distintas terminales. Aliado al dirigente del gremio de la Sanidad Héctor Daer, el dueño del Grupo Insud venía invirtiendo en el proyecto para que Juan Manzur se lanzara a competir por la presidencia y no dudó cuando Cristina Fernández eligió a su primer jefe de Gabinete como candidato para enfrentar a Macri. A una distancia prudencial, Figueiras aportó también para la campaña de recaudación que llevaba adelante el asesor albertista Juan Manuel Olmos. La pandemia los elevó a los dos al rol de aliados estratégicos y agigantó los niveles fabulosos de ganancia de los laboratorios: todavía hoy los aumentos permanentes de los medicamentos, exentos de cualquier control de precios, provocan la queja permanente de los prestadores de salud. 

Sigman perdió a Ginés como ministro pero lo conservó como amigo, tal como lo retrató la foto que los encontró desayunando en el Hotel Icon Embassy de Madrid, en junio pasado. Sin embargo, la llegada de Manzur lo reubicó como uno de los magnates más cercanos al corazón del poder en la nueva etapa que la derrota electoral forzó en el Frente de Todos. Con juego propio y sin enemigos de tanto peso, Figueiras mantuvo una relación de lo más estrecha con las distintas alas de la coalición oficialista. A la llegada al Presidente, le suma la afinidad con el cristinismo que dejó en claro el ahora candidato Daniel Gollán cuando, en abril pasado, declaró a la TV Pública: “Veníamos trabajando desde el primer día con Figueiras: le dimos el dato de que laboratorios argentinos podían producir la Sputnik y se fue rápidamente a Moscú”.

El dueño de Richmond también tiene entre sus amistades a otros hombres del gobierno, como Aníbal Fernández o Amado Boudou, dos de los presentes en su recordado casamiento con Leguizmón, en 2013 en el Yacht Club de Puerto Madero. Con el nuevo ministro de Seguridad, la relación es de lo mejor pero tiene sus contraindicaciones. Aníbal acaba de quejarse en público de que Patricio Carballés, el abogado de Lanata, no cumplió con su palabra y dejó que su cliente vuelva a difundir en la pantalla de El Trece la fábula de La Morsa. Figueiras, que lo conoció a través de Lanata, hoy tiene a Carballés como mano derecha en el rol de jefe del departamento de asuntos jurídicos de Richmond.

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