Mujeres que dijeron basta, palabras que se fugan

La tenista Naomi Osaka al término de un partido en 2019.

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De la versión más saludable que vendría a ser una ensalada, a la más tóxica resumida en la popular –y nunca bien ponderada– jarra loca. Cuando todo es un lío, o una superposición de conflictos que no logro desanudar en mi cabeza, lo primero que me sale es alejarme de las grandilocuencias. Puede ser por miedo, cierta idea conservadora, mis propias limitaciones (¿de dónde sale la idea de que hay que tener una opinión sobre todo?), la torpeza con la que convivo, la prudencia, una dosis ingente de pudor. 

Alguna vez hablamos acá mismo de aquellos que se autoimponen un límite, un “hasta acá llego”. Justo leo que Rafael Nadal se baja de Wimbledon y de los Juegos Olímpicos (así, todo de un saque, valga la expresión). También pienso en el sacudón que implicó hace poquito la renuncia de Naomi Osaka en pleno Roland Garros para proteger su salud mental. 

Por ahí estos tenistas escucharon eso que por acá cantamos todos, la estrategia posible un minuto antes de que se asome el error no forzado: cuando el mundo tira para abajo es mejor no estar atado a nada. La pausa quizás son más de cinco minutos; irse al mazo es parte del juego, decir “basta para mí” como en el tutti frutti.

Esta entrega de Mil lianas celebra el silencio, el parate discreto y a aquellos que se van por un rato, bolsito en mano, para no quedar sin armas frente a la red.

1. Mujeres en la ciencia. Me enteré del estreno de este documental, que en inglés se llama Picture A Scientist, por las redes del periodista experto en ciencia Federico Kukso, a quien pueden leer en muchos medios y también en elDiarioAR (comparto una de mis notas preferidas de él por acá y, si no lo hicieron, recomiendo fervientemente que vayan en busca de Odorama, su último libro, en el que hace una historia del olor a partir de un trabajo descomunal). Le presto especial atención al universo de cosas que comenta Fede porque se trata de un terreno en el que soy una turista permanente y él es un buen guía.

En Mujeres en la ciencia, que acaba de estrenarse en Netflix, me llamó la atención que más allá de la diversidad de disciplinas a la que se dedican las protagonistas –hablan la bióloga pionera Nancy Hopkins, la experta química Raychelle Burks y Jane Willenbring, que es geóloga y experta en la Antártida, hay un hilo que las une: en varios momentos de sus vidas, todas ellas tuvieron que enfrentarse a situaciones de injusticias de distintos órdenes por su condición de mujeres en el ámbito de las ciencias llamadas exactas o duras, un territorio por muchos visto como racional y equilibrado. 

Como ellas mismas lo relatan, mientras se las ve en acción en sus laboratorios, frente a estudiantes o en trabajos de campo, a veces enfrentan situaciones extremas como cuando son víctimas de acoso sexual por parte de colegas o cuando les niegan fondos para sus investigaciones. Pero a veces es algo pequeño, como un olvido a la hora de postulaciones para cargos jerárquicos, el silencio cómplice del que ve y prefiere no decir, o un simple e-mail en el que sospechosamente no las copian mientras que los varones que las rodean ascienden y disfrutan de algunos beneficios que a ellas les son vedados.

El documental exhibe, mediante el relato en primera persona y también con la exposición de distintos hitos para las científicas en los Estados Unidos, que eso que parece mínimo es parte de un engranaje desigual, de un sistema que parece pensado para multiplicar la disparidad. Mientras encabezan descubrimientos trascendentales para la humanidad y para la ciencia, ellas deben enfrentar numerosas situaciones que aparentan ser naturales pero no lo son. Y eso, con el tiempo, se convierte en una carga pesada.

Una de las entrevistadas lo resume de manera muy gráfica: “Como el famoso dicho, una tonelada de plumas sigue siendo una tonelada”.

Mujeres en la ciencia (Picture A Scientist) participó de la selección oficial del prestigioso festival de Tribeca. Está disponible en Netflix.

2. Las gratitudes, Delphine de Vigan. Coincidencia, no lo creo (o inserte su meme acá). En los últimos tiempos me vengo topando con ficciones que abordan un tema duro y a la vez insoslayable: la vejez como ese espacio en el que el cuerpo dice basta y las palabras se empiezan a fugar. Me pasó con Otras cosas por las que llorar, de Luciana De Luca (hablamos de ese libro, uno de los mejores del año, por acá), con la película El padre (protagonizada por Anthony Hopkins y Olivia Colman, a quien mencionamos por acá). Y por estos días me ocurrió con Las gratitudes, el último libro de la escritora francesa Delphine de Vigan, que narra la historia de Michka, una anciana que debe dejar su departamento para ir a vivir a un geriátrico porque ya no puede quedarse sola.

En un tono por momentos excesivamente moderado y sobrio, a partir del relato de dos personas cercanas a la protagonista (una vecina que la mujer de alguna manera adoptó; un logopeda que ayuda a Michka a hacer ejercicios con las palabras para bajarle la velocidad a la afasia incontenible de la que es víctima) se van a ir revelando recuerdos y personas a las que ella quiere decirles gracias antes de que llegue su final.

Una curiosidad: la novela fue escrita antes de la pandemia y en muchos lugares se leyó como una suerte de anticipo de lo que se vería, sobre todo en Europa, con las residencias para ancianos y el vínculo con sus cuidadores en esta gigantesca crisis mundial.

Las gratitudes es la última novela traducida al español de la escritora francesa Delphine de Vigan. Editó Anagrama.

3. Radioteatros. Desde el sábado 19 de junio estará disponible el podcast/homenaje Radioteatros, con la dirección artística de Lorena Vega (sobre ella comentamos algo acá y esperamos verla pronto en los escenarios, ahora que reabren las salas en algunas partes del país).

Por los adelantos que pude escuchar, Radioteatros promete. A lo largo de tres episodios, con interpretaciones de artistas como Sara Hebe, Nicolás Goldschmidt, Malena Guinzburg, Karina K, Diego Velázquez y la propia Lorena Vega, entre otras y otros, la intención es que los oyentes hagan un recorrido “que va desde los años 40 y 60, evocando a la gran Niní Marshall, para pasar luego por los años 80 y sus estereotipos de época y finalizar en un capítulo situado en la actualidad con una poética contemporánea”, según anuncian sus productores.

De acceso libre y gratuito, Radioteatros se podrá escuchar a través de la plataforma Spotify y se propone como la recuperación de una época muy particular y de un género popular que ahora se puede revisitar a partir de las nuevas tecnologías.

Con dirección general de Lorena Vega y producido por el espacio cultural Casa Sofía, Radioteatros estará disponible desde el 19 de junio en Spotify.

4. Último tango en Tokio. Hablamos de una red al principio, cerramos con otra al final. Twitter puede ser un terreno farragoso y hostil, pero, cada tanto aparecen destellos que nos llevan a muchas personas a quedarnos ahí, a la pesca de ese momento glorioso y efímero, con la ilusión de quien revisa un cajón, encuentra una radiografía y sale al patio con entusiasmo a ver un eclipse.

En los últimos días volvió a circular el tweet de una cuenta que me gusta mucho. Se llama Raro VHS y se dedica, como el nombre lo indica, a subir a las redes (lo pueden encontrar en YouTube también) videos raros, verdaderas gemas.

En esta ocasión circuló una vez más la imagen y la voz de Ikuo Abo, un cantante de tangos de Japón que no habla español y canta por fonética. Se los dejo por acá porque es cautivante.

¡Hasta la próxima!

AL

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