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4 films locales en cartel que están viendo más de 4 personas, en el Gaumont y salas alternativas

Afiche de "Juan Moreira", de Leonardo Favio

Moira Soto

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Por favor, dejemos ya de lado un debate que termina promocionando los “16 sketches televisivos” (como atinadamente definió un crítico de cine sin lopes en la lengua cuando lo entrevistaron), y hablemos de cine. De ese cine argentino que, según palabras de un actor muy exitoso –intérprete, hace 24 años en la tevé, de un baboso cuarentón que se calentaba con una adolescente, “La Nena”, compañera de colegio de su hija– “van a ver cuatro, ni la familia del director va”.

Aclarando antes que, efectivamente, cierta falta de filtro de calidad en la gestión anterior del INCAA permitió que se diera apoyo a unas pocas cintas impresentables, y que, sí, hubo algún favoritismo partidario. Probablemente, esas películas costaron bastante menos guita de la que anda circulando en viajes al exterior presidenciales prescindibles, sobrecostos en medicamentos, partidas distributivas, campañas, etcétera, etcétera. Pero esas producciones que no alcanzan el mínimo nivel deseado, son realmente las menos. Quienes despotrican o leen comunicados sobre quita de subsidios a “los fracasos comerciales” no parecen tener la más pálida idea de las obras de calidad aceptable –o bastante más que aceptable– que sí tuvieron público en su escala (sin suficiente publicidad, casi siempre sin otra sala de estreno que el Gaumont) y que sí merecían ser subsidiadas. Tampoco los despotricadores de turno sabrían que ni el suceso de público ni el fracaso de taquilla significan per se valía artística.

Gatillero, con Julieta Díaz en cartel en el Gaumont

A El dependiente (1969), admirable film de Leonardo Favio, no fue a verla ni remotamente la cantidad de gente que concurrió en masa a las funciones de Juan Moreira (1973) o a las de Nazareno Cruz y el Lobo (1975). Y más cerca en el tiempo ¿habría que desechar la excelente El aura (2005), de Fabián Bielinsky, porque recaudó alrededor del 35 por ciento de lo que ganó la debidamente aclamada Nueve reinas (2000) del mismo realizador?

Obvio que el Instituto de Cine debería mejorar en su gestión y ofrecer un filtro de calidad a cargo de un jurado idóneo y de honestidad probada que, desde luego, supiera apreciar la necesidad e inclusión de proyectos innovadores, experimentales, originales a los que acaso asista un público más selectivo y entrenado; proyectos que en el día de mañana podrían convertirse en clásicos, y previamente participar en exigentes festivales internacionales.

El dependiente

Fracasar, triunfar, quizás escandalizar y perdurar

Viene muy a cuento recordar que El perro andaluz (1929), de Buñuel generó escándalo y rechazo en su estreno parisino, y que antes pasó lo propio en la presentación de La consagración de la primavera (1913), de Stravinsky. Entre otras repulsas que sufrieron artistas visionarios figura el célebre cuadro de Manet El almuerzo sobre la hierba (1863) cuyo desnudo de mujer contemporánea sentada tan pancha sobre el pasto junto a dos caballeros empichados diera origen –junto obras de Pissarro, Vollon y otros, luego consagrados– al Salon des Refusés.

El ciudadano, de Orson Welles, fracaso de boletería

Muchos buenos films a los que les fue mal en la taquilla –e incluso a veces mal comprendidos por los críticos– con el correr de los años devinieron clásicos de culto. Por un lado, aunque tuvo reseñas muy favorables y cierta cantidad de público, Mulholand Drive (2001), magnífica realización de David Lynch, no pudo recuperar los costos, pero desde su estreno, crecen los clubes de fans, y su influencia en otros cineastas es indiscutible. Zama, la maravillosa Zama de nuestra Lucrecia Martel es altamente apreciada en buena parte del mundo como pieza maestra. Los censores del apoyo al cine nacional parecen desconocer supinamente que hay películas necesarias para hacer avanzar el lenguaje, renovarlo, proponer rupturas gramaticales, abrir nuevos caminos, arriesgar…

Afiche de Yojimbo

Por caso y un poco al azar, dando ejemplos conocidos: El ciudadano (1941), film al que nadie negaría su condición de influencier en incontables cineastas del planeta, fue un fiasco de público (no sabemos si fue la familia de Orson Welles a verla…): Yojimbo (1961), formidable creación que mezcla géneros de Kurosawa, fue la inspiración directa de la trilogía de spaghettivwesterns de Sergio Leone que arrancó con Por un puñado de dólares (1964), a su vez el relanzamiento estelar de Clint Eastwood como “el hombre sin nombre” (no hace falta remarcar la posterior fantástica evolución de CEcomo actor y director). Por su lado, el enorme K había sido incitado, según reconoció, en el film The Glass Key (1942), de Stuart Heisler, segunda versión de la novela negra de Dashiell Hammett, La llave de cristal (1931). O sea –chocolate Pacarí (de Ecuador, el mejor del mundo)– por la noticia: las artes se retroalimentan entre sí, y cada una en particular con sus propios antecedentes.

Como muestra, bastan cuatro

Lo prometido en el título es deuda que se paga nombrando a films nacionales en cartel que por afluencia de público se mantienen. Aunque esta cronista no logró respuesta sobre número concreto de espectadores (salvo en el caso de Un mundo recobrado, que está llenando todas las funciones dominicales en Cacodelphia), va de suyo quienes son los que sostienen esa permanencia.

Afiche de Buscando a Shakespeare

La más exitosa, con más de 3 meses en el Gaumont (estuvo en más salas), es una joya bien argentina de cine negro, Gatillero, descacharrante realización de Cris Tapia Marchiori que te agarra del cogote y prácticamente no te deja respirar en sus 90 minutos. Le sigue en su cuarta semana, también en la catedral del cine argentino, el G, aunque sin brillar en los niveles de la anterior, Buscando a Shakespeare, documental firmado por Gustavo Garzón, con formato de buen telefilm de cabezas parlantes que ha interesado al público mediante despliegue de entrevistas particularmente en Inglaterra, con vistas de Londres y de Straford-upon-Avon. Luego hay que mencionar a la emocionante Un mundo recobrado, de Laura Bondarevsky, que fuera elogiada desde estás página en oportunidad de su estreno. Y finalmente –sin agotar, por supuesto, los títulos locales en danza y sin propasarnos con el espacio– vale remarcar la sobresaliente y muy personal fusión de videoarte, testimonio social y político con renovadas formas de documental que brinda Todo documento de civilización, de Tatiana Mazú González, que se está dando en la Sala Lugones del San Martín (quedan las siguientes funciones: sábado 30/8 y marte 2/9, a las 21; viernes 29/8 y domingo 31/8, miércoles 3 y jueves 4/9, a las 18).

Un mundo recobrado

Qué decir en pocas líneas de ese prodigio llamado Gatillero, con su unidad de tiempo, acción y lugar que se pega a su protagonista recién salido de la cárcel al que le suceden mil cosas en su barrio (locaciones en la isla Maciel); todo en una noche de acción, emoción, tensión brutal. Con convenciones de género, claro, perfectamente aceptables, provenientes del noir, esa categoría del film policial bautizada así por –cuándo no– un francés de cuyo nombre no me acuerdo ni tengo ahora tiempo de buscarlo. Proveniente de la novela negra de los años ’20 y ’30 del siglo pasado (Hammett, Chandler, Macdonald, Cain); el peso del pasado, pesimismo, traición, fatalidad… Códigos narrativos que recurren –por ejemplo– a la femme fatale (acá, impagable Julieta Díaz en muy significativo rol). Y si bien no hay un detective privado desencantado tenemos al inolvidable Galgo, personaje que cumple en parte ese rol en sus averiguaciones para salvar el pellejo.

Género comprometido en Estados Unidos la novela negra, hablando de crimen organizado con anclaje en lo social y lo político. Gatillero no le va en zaga, por cierto, y mejor no espoilear más e ir raudamente al Gaumont, si aún no la vieron. Sí, como sagazmente marcó toda la crítica, la cinta es un plano secuencia (obvio que con sus truquitos para conseguir un tiempo cinematográfico concentrado que parece, pero no es real) te olvidás de esa hazaña técnica al toque, porque el relato te arrastra y la cámara siempre está en el lugar propicio, donde debe estar artísticamente, moralmente. La planificación que denota esta obra fuera de serie, la dirección de actores, el empleo de las luces y las sombras, del diseño de sonido, del registro de las locaciones y los grafitis callejeros, etcétera, merecen todos los encomios imaginables.

Imagen de Todo documento de civilización

En cuanto a Buscando a Shakespeare es otro regreso al viejo debate respecto de la autoría de las 36 piezas teatrales del llamado Cisne de Avon. Con muchos testimonios de todo calibre y algunas escenas –lamentablemente muy breves– de versiones escénicas en Buenos Aires y por la Royal Shakespeare Company. Hay declaraciones sustanciosas como las de la directora de la RSC, Erica Whyman, que rechaza la idea de involucrarse en la polémica (“no intento hacer que Shakespeare sea quien queremos que sea, y no quien era realmente…”). Un profesor del Shakespeare Institute también se resiste a la versión de que sugiere que las obras “las deben haber escrito un comité de aristócratas y no un provinciano con cierta educación, que había leído y creo piezas brillantes”. La guionista y protagonista, Mariana Sagasti, si bien comienza el film proclamando “Shakespeare es mi pasión”“, no le alcanzan los 92 minutos para citar las grandes puestas locales de Rubén Szuchmacher –aunque más no fuera Enrique IV, Segunda parte, que llegó a representarse en el mismísimo Teatro El Globo–, nombrar al excepcional traductor local de WS, Lautaro Vilo o la apasionante rescritura de Macbeth, La señora Macbeth de Griselda Gambaro, desde el enfoque de la lady, por citar algunas ausencias importantes. Entre las curiosidades de Buscando… figura, aparte de los dichos de un delirante escritor, la palabra del presidente de la Gran Logia Masónica Argentina con el fin de insinuar que WS era masón.

La llave de cristal,novela, 1931

“Lo que yo diría es que no hay ningún subtexto. Lo decís todo sin pretender que te entienda. Shakespeare tiene esa verdad profunda que se conecta directamente con tu corazón. Y al decir las palabras en voz altas, se encuentra la manera de pronunciarlas”, dice May Rylance, actor y ex director del Globo. Gustavo Garzón, director de Buscando…, hace algunas de las entrevistas y ha sido elegido por la guionista para hacer La tempestad.

“No existe documento de civilización que no sea al mismo tiempo documento de barbarie”, es la frase de Walter Banjamin apuntada en Eduard Fuchs, coleccionista e historiador, que toma la directora Tatiana Mazú para su titular su extraordinario film Todo documento de civilización. Donde cruza la General Paz para retomar la denuncia sobre la desaparición y asesinato de Luciano Arruga a manos de la policía. La cineasta trabaja con el rodar de los coches en tomas distantes, indirectas, nocturnas, repetidas hasta la abstracción; trabaja con el ruido del asfalto y un comentario musical que se fusiona. Coches, colectivos, coches. Y se atreve varios minutos con la pantalla fundida a negro (y a la sala donde se proyecte hecha una boca de lobo) para que se escuche mejor la voz de la combativa, amorosa madre del chico de 16 que un día ya no volvió: “A Luciano lo hostigan, lo llevan, le pegan la primera vez”, memora. “Pido ver a mi hijo, me lo niegan”, Entonces va la hermana a la comisaría y lo oye gritar: “Me van a matar”. Esa vez, logran sacarlo, pero Luciano ya estaba marcado: “Eran cuestión de días”.

Luciano amaba los libros, pudo colarse en una biblioteca paga porque una señora se apiadó al verlo en la puerta y gracias a ella empezó a leer a Julio Verne. Viaje al fondo de la Tierra, Viaje a la Luna. El film se embellece con viejas ilustraciones de antiguas ediciones.

La cámara se detiene en calles rotas, en basura, objetos tirados que parecen instalaciones, cintas de VHS enredadas en la vegetación que tapa la pobreza de las villas a quienes van por la General Paz. La segunda vez que la policía lo agarra, Luciano ya no volverá: “Tres meses en una morgue mientras la ciudad estaba empapelada con su cara. A Luciano lo desapareció la policía y lo mató el estado”, se quiebra la madre.

WB habla de la barbarie de la restricción de derechos, la transgresión de normas morales, de valores humanistas. Piensa estrategias para combatir la amenaza del fascismo, la barbarie del nazismo. Y también piensa el cine como el resultado de todas las formas de visión de “una nueva percepción estética que no pasa por la contemplación sino por el contacto físico que es el shock visual. El cameraman procedería entonces como el cirujano, penetrando profundamente en el tejido de la realidad dada, haciendo resurgir lo invisible. Edgard Morin, pensador francés ya centenario, también sostiene que la barbarie esta intrínsecamente ligada a la civilización, que no solo la acompaña, en su ensayo Cultura y barbarie europeas.

Benjamin asimismo discurría sobre barbarie positiva, que el film de Tatiana Mazú estaría representada por esas llamas del final y la leyenda “Sin justicia habrá fuego”.

Y para el cierre, nada mejor que la palabra de Violeta Uman, directora y programadora del Festival de Cine Argentino de Villa Crespo, nacido en 2019, que en su sexta edición tendrá lugar entre el 24 y el 28 de septiembre próximo, como resultado de una amplia selección de cortos y largometrajes. Dice así Uman (también talentosa realizadora de Nunca hizo tanto frío) al tiempo que termina de trabajar junto a Alejo Moguillansky en el visionado de cortos y largos para la muestra: “Como programadora del Festival Vecine me siento conmovida por la cantidad y diversidad de películas que recibimos en la convocatoria: casi 200 títulos con apenas una semana de aviso. Sobre todo, teniendo en cuenta este un contexto tan adverso para nuestro cine, donde se están desmantelando apoyos fundamentales y se busca debilitar lo colectivo. Hay una vitalidad que no se rinde y eso es algo muy esperanzador. Desde nuestro lugar entendemos que programa r es una forma de defender nuestro cine acompañando su pulsión vital, habilitando espacio de exhibición y encuentro, dando refugio a las películas y constituyendo en comunidad una pequeña trinchera de resistencia”.

MS/MG

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