Lugones en la cuerda floja: la crisis del PAMI golpea la gestión y pone en duda la continuidad del ministro
Mientras todos los focos mediáticos se posan sobre las desventuras del jefe de Gabinete Manuel Adorni, en el Ministerio de Salud se respira una incertidumbre difícil de ignorar para quienes siguen su día a día desde adentro. En medio de versiones que se acumulan y cambian de forma, el nombre del titular de esa cartera, Mario Lugones, volvió a aparecer en el centro de la escena: la posibilidad de su salida empezó a circular por lo bajo este fin de semana, como parte de un escenario que ya nadie se anima a descartar. “Es cuestión de días”, deslizaron a elDiarioAR fuentes inobjetables al tanto de la situación.
Pero el dato nuevo no es el desgaste del ministro sino la alternativa. Guido Giana, su número dos, aparece como reemplazo posible en una jugada que, leída en clave interna, dice más de lo que parece. Giana no es un técnico de consenso ni un bombero de crisis. Es, como Lugones, un hombre del riñón de Santiago Caputo. Su eventual ascenso no implicaría un cambio de rumbo, sino un intento de preservar el control del área en medio de sospechas de “desmanejos” y de una disputa intestina que se volvió más explícita desde marzo: la avanzada de Karina Milei —que el caso Adorni parece haber enfriado— sobre los espacios donde todavía gravita el asesor presidencial.
La escena tiene algo de déjà vu, pero con otro fondo. Hace unos meses, cuando el caso del fentanilo contaminado lo empujaba al centro de la escena, Lugones todavía encontraba un resguardo en la interna oficialista. Se lo veía golpeado hacia afuera, pero sostenido hacia adentro, como parte de ese equilibrio inestable que le permitía a Caputo retener piezas propias en un gabinete cada vez más ajeno. “Pese a todo, el ministro parece estar más afirmado que hace un mes”, se leía entonces en medio de un reacomodamiento que, lejos de desplazarlo, lo había reforzado. Hoy ese diagnóstico quedó viejo.
Lo que cambió no fue solo la presión política sino también el contexto material. La actual crisis del PAMI, que durante meses circuló como advertencia, se volvió una realidad insoslayable: las deudas se acumulan mientras las prestaciones se caen y las clínicas se retiran, con jubilados que pagan de su alicaído bolsillo lo que antes cubría el sistema. Es un deterioro que ya no se explica en planillas sino en consultorios y que, por primera vez, empieza a impactar de lleno en la lógica de supervivencia del ministro.
Es que la obra social más grande de América Latina se transformó en un dolor de cabeza a esa misma escala. Lo que durante los primeros años de gobierno libertario funcionó como caja política bajo la gestión de su segundo, el misterioso Carlos Zamparolo, empezó a mostrar su contracara cuando la crisis financiera dejó de ser administrable. La lógica de control y distribución interna que había ordenado el organismo se volvió insuficiente frente a un sistema que ya no cierra en números ni en prestaciones. El PAMI, que supo ser un activo de poder, hoy aparece como un pasivo difícil de contener.
A ese cuadro se le sumó en las últimas semanas otro frente que terminó de erosionar la posición de Lugones dentro del gabinete. Federico Sturzenegger avanzó, tras varios intentos fallidos, con la flexibilización del régimen de patentes farmacéuticas mediante la derogación de una resolución de 2012 que durante años protegió a los laboratorios nacionales. La medida, alineada con exigencias del acuerdo con Estados Unidos, impacta de lleno en los intereses de actores centrales del sector con quien el actual ministro mantiene vínculos históricos. Lugones había resistido esa modificación e incluso demorado su implementación durante meses.
Enroque caputista
La tensión puertas adentro de la cartera de Salud escaló a un punto tal que obligó a ciertos movimientos excepcionales. Según pudo saber elDiarioAR, Rodrigo Lugones habría viajado de urgencia desde España, donde reside, para involucrarse de lleno en la gestión de la crisis. Su presencia no es un dato menor. Consultor político, socio de Santiago Caputo en Move Group —la consultora de su propiedad— y habitué de los circuitos empresariales de la salud, el hijo del actual ministro funciona desde el inicio del gobierno como el nexo entre los laboratorios y el propio asesor presidencial, con quien mantiene una relación aceitada desde hace años.
Aunque no ocupa un cargo formal en el organigrama, su nombre aparece una y otra vez cuando se reconstruyen las decisiones sensibles del área. En el ministerio lo describen como “la extensión natural del poder de Caputo”, pero también como el operador que permitió que su padre se moviera con lógica política incluso antes de asumir formalmente al frente de la cartera. ¿Estará interviniendo Rodrigo para evitar el inminente corrimiento de su progenitor? ¿O es, en cambio, quien debe garantizar el enroque de él con su segundo, el ingeniero Guido Giana?
Sea cual sea la respuesta, queda claro que cualquier movimiento en la cúpula del Ministerio de Salud se lee en clave política antes que técnica. Giana pasó por el PRO, tuvo inserción territorial en la provincia de Buenos Aires y formó parte del PAMI durante el gobierno de Cambiemos, donde se especializó en el manejo de números, contratos y auditorías. Envuelto en acusaciones por supuestos sobreprecios en distintas compras, la trayectoria del hoy viceministro que suena como reemplazo de Lugones no responde al perfil clásico de sanitarista, sino al de operador con recorrido en la gestión y en la rosca.
El salto que terminó de ubicar a Giana en el radar del actual oficialismo se dio en el sector privado. Desde la dirección administrativa del Sanatorio Güemes —propiedad de la familia Lugones— consolidó un vínculo directo con el mundo de los prestadores, al tiempo que profundizó su relación con Caputo. Ese doble anclaje, entre lo público y lo privado, lo convirtió en una pieza funcional para un esquema que necesita interlocutores capaces de moverse en ambos planos sin fricción.
Quienes lo conocen lo describen como un perfil bajo, con capacidad de ejecución y sin necesidad de exposición. Giana no parece pretender construir volumen propio ni buscar protagonismo. Su fortaleza es otra: la confianza. En un gobierno donde ese atributo vale más que cualquier currículum técnico, su nombre aparece como una opción lógica si la decisión es sostener el control del área sin alterar el equilibrio interno. Porque si algo dejó en claro la crisis de Salud es que, más allá de los nombres, lo que está en juego es quién continúa administrando ese poder.
PL
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