Del garrote represivo a la rosca con aliados, empresarios y jueces: cómo Bullrich le dio a Milei su reforma laboral
“Si no sale el FAL, agarro yo el FAL contra los senadores”. Patricia Bullrich empezó a reír mientras hacía el gesto de un arma con los brazos y sacudía el cuerpo en una mímica de disparos al aire. Promediaba la tarde en el primer piso del Senado y la jefa del bloque de La Libertad Avanza todavía ajustaba el poroteo fino de la reforma laboral. Entre sus prioridades estaba definir cómo quedaría el Fondo de Asistencia Laboral (FAL), el instrumento ideado por Federico Sturzenegger para fondear las indemnizaciones bajo la nueva normativa flexibilizadora.
Finalmente, la exministra cedió ante la presión de aliados y empresas y cerró una fórmula que le permitió avalar el FAL con amplia mayoría: un aporte del 1% sobre las contribuciones de las grandes empresas y del 2,5% en el caso de las pymes. En paralelo, negoció subterráneamente con la CGT y mantuvo los aportes solidarios de los afiliados, aunque con un tope del 2%.
Con esa arquitectura consiguió que todo el bloque de la UCR se encolumnara detrás suyo y sumó el respaldo de los delegados de gobernadores peronistas no kirchneristas, como la salteña Flavia Royón y la cordobesa Alejandra Vigo. Sumó 42 votos a favor, un número que le había anticipado a Milei por WhatsApp temprano. La mayoría circunstancial se alcanzó incluso en capítulos sensibles, como el que propone derogar el Estatuto del Periodista y el que recorta fondos para el INCAA, aunque sus definiciones quedaron postergadas para 2027 y 2028, respectivamente.
En esa trama jugó en tándem con Diego Santilli, que hizo base en el despacho de Martín Menem pero cruzó de un lado a otro el Congreso para reunirse con Bullrich en el Senado. En los últimos dos meses, el ministro del Interior recorrió medio país para visitar gobernadores y prometer compensaciones a cambio de votos. “Acá corrió la Banelco, seguro, porque ningún senador vota solamente por esto, está clarito”, denunció el titular del sindicato de empleados judiciales, Julio Piumato.
Bullrich se mantuvo todo el día conectada con el Presidente vía celular —él le dijo que estaba “contento” cuando le adelantó temprano que todo marchaba de acuerdo al plan— y recibió la bendición de Karina Milei desde el balcón central del recinto. Con esa cintura política se movió como una cazadora de votos entre las bancas. En los pasillos se la vio tranquila, siempre con una planilla en la que tenía detallado cada poroto para cada votación. Ninguno de los títulos de la amplia reforma peligró, aunque no todos obtuvieron la misma cantidad de apoyos.
En la Casa Rosada hubo fuego cruzado contra la exministra porque hay quienes creen que la ley podría haber salido igual sin ceder tanto, pero ella se mantuvo incólumne. Una anécdota sobre porqué finalmente pidió que se dé de baja los cambios en el impuesto a las Ganancias, y que afectaban a las provicias por la coparticipación —como queria Toto Caputo—, la pinta en el mensaje que ella transmitía a la mesa política de Karina.
—¿Cuántos votos hubieras tenidos para Ganancias si convocabas a la votación la semana pasada o antes? —le preguntó alguien en un recinto.
—Ninguno, si nunca hubo ningún voto para eso —sentenció.
Durante la tarde sí tuvo un cruce llamativo fuera del recinto con Victoria Villarruel. La vicepresidenta la “invitó” a su despacho a una reunión frente a varios jueces porteños interesados en la jugada de introducir el traspaso de la Justicia laboral de la Nación a la Ciudad, lo que habilitaría a magistrados porteños a intervenir en causas que afectan a grandes empresas con sede en CABA. “Me sentó ahí, qué sé yo; finalmente eso sale en un anexo”, comentó Bullrich, con gesto de sorpresa, ante algunos interlocutores. La movida fue leída como un favor con nombres propios: “Fue un beneficio para Mauricio Macri y Daniel Angelici, que manejan a los jueces de la Ciudad”, denunció un legislador porteño.
El hambre de votos se trasladó también a la calle. Bullrich comandó a la distancia el operativo que ejecutó su reemplazante en Seguridad, Alejandra Monteoliva: hubo detenciones arbitrarias, balas de goma, gases lacrimógenos y el avance de motos y camiones hidrantes. “Patricia es una topadora. Maneja el bloque como quiere y también conduce el ministerio. Se hace lo que ella dice”, comentó, al caer la noche, una persona que la conoce desde hace años.
La represión comenzó luego de que un grupo reducido de manifestantes violentos arrojara bombas molotov contra el vallado policial y la zona estéril que separaba el Congreso de la plaza. Esa agresión dio pie al avance generalizado de las fuerzas sobre toda la movilización y alimentó la narrativa de mano dura libertaria.
Fuentes que estuvieron en el lugar apuntaron que, más que “infiltrados”, quienes armaron las molotov habrían sido integrantes de organizaciones piqueteras y de izquierda minoritarias, con banderas poco reconocibles para el público general. “Está lleno de grupos de izquierda petardistas y creo que primó la desesperación por la apatía de la CGT”, comentó un dirigente piquetero curtido en marchas. “Hay mucha bronca”, dijo otro referente, que sí acusó a que hubo “servicios” en la movilización del 2025 que terminó con un movil de Cadena 3 prendido fuego.
“Es complejo identificar grupos con estas características violentas”, dijo Monteoliva, que hizo operativos también en estaciones de trenes. Detalló que hubo 71 detenidos, mientras distintas ONGs aún reclaman la libertad de 24 personas, que están esperando la audiencia de imputación: 20 de Policía de la Ciudad y cuatro de la Federal“. Otras organizaciones de izquierda y de derechos humanos anunciaron que todavía quedan unos 40 detenidos.
El Gobierno logró vaciar la plaza y, con eso, vaciar la movilización de la CGT. La central obrera quedó en offside en una marcha sin escenario, sin acto y sin documento. El triunvirato integrado por Jorge Sola, Cristian Jerónimo y Octavio Argüello fue uno de los grandes derrotados de la jornada. La presión de sus bases para convocar a un paro general se mantiene.
“Se perdió una oportunidad histórica”, denunció Rodolfo Aguiar, de ATE, que articula junto al camionero Pablo Moyano, el metalúrgico Abel Furlán, los Aceiteros y las dos CTA en la conformación de un frente sindical más combativo, dispuesto a disputar la calle también con la izquierda. “UPCN es más razonable porque no te lleva al conflicto permanente”, llegó a decir Bullrich sobre los estatales, en una postal elocuente del momento sindical.
La CGT no se animó a una huelga cuando el derecho a huelga es, precisamente, uno de los puntos afectados por la reforma. El proyecto amplía las actividades consideradas esenciales y limita las medidas de fuerza. También recorta vacaciones y buscó avanzar sobre estatutos históricos, como el de los periodistas. En un contexto de “sálvese quien pueda” avalado por el Gobierno libertario, la reforma finalmente preservó derechos colectivos sensibles, pero avanzó sobre derechos individuales que nadie defiende.
Bullrich fue así de las principales artífices de la victoria oficialista. Ahora tiene como objetivo que el miércoles 25 de febrero se apruebe la reforma a la Ley de Glaciares. Ya negocia con legisladores de provincias mineras —Salta, Catamarca y La Rioja, todas gobernadas por el peronismo—. Para esa misma semana el Gobierno espera que Diputados vote la sanción definitiva de la reforma laboral, con la amenaza de un paro sindical en el aire. Será otra jornada para ver cómo Bullrich despliega su cintura política, con el garrote represivo —o el gesto de FAL— a mano.
MC
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